• Y no olviden la conexión Villar Mir-Pemex: Emilio Lozoya, director general de la petrolera, trabajó para OHL en México.
  • Además, el consejero de Pemex en Repsol, Arturo F. Henríquez, está al frente de división internacional de la mexicana.
  • Pemex no quiere que trascienda en España la trama de corrupción con una de sus contratistas: la naviera Oceanografía.
  • Está señalada desde hace varios años por operar irregularmente y beneficiarse de contratos públicos fraudentos.
  • La investigación ha salpicado también a Banamex, que se 'tragó' los documentos de Oceanografía falsamente respaldados por Pemex.

Pemex (Petróleos Mexicanos) choca con Repsol y su presidente, Antonio Brufau, no se hace querer precisamente. Tiene una explicación: la vinculación del empresario Villar Mir con los gestores actuales de Pemex. En su día dio alas a los rumores, a las aspiraciones del empresario para presidir Repsol y en la actualidad justifica la animadversión Repsol-Pemex. La pugna coincide, además, con el escándalo que Pemex no quiere que trascienda en España: una trama en la que participa la naviera Oceanografía, una de las contratistas más importantes de Pemex, que desde hace varios años ha sido señalada por operar irregularmente. En el escándalo está también el Banco Nacional de México (Banamex), la institución financiera más antigua del país. La investigación apunta a un presunto fraude y lavado de dinero.

Vayamos por partes.

La tentación de antaño de Pemex por hacerse con el control de Repsol se ha disipado. Lejos quedan los tiempos de la presidencia de Felipe Calderón en México, que se acercó para maniobrar en ese sentido con el ex presidente de Sacyr, Luis del Rivero, en 2011. Pemex está ahora en otra historia: en la enésima vez que dice que abandonará Repsol, aunque nunca la deje.

Paralelamente, es innegable que en los últimos consejos de la petrolera flotaba en el ambiente -y en las declaraciones- que a Pemex no le gustaba la gestión de Antonio Brufau, y que éste tampoco ponía buena cara a su presencia.

La razón no es otra que la sombra alargada de Villar Mir: hay ejecutivos de Pemex que han trabajo para él en México, y ese vaso comunicante se ha trasladado también a Repsol. Lo mejor es verlo con nombres y apellidos.

El economista Emilio Ricardo Lozoya (en la imagen) es el director general de Pemex, pero estuvo también en el Consejo de Administración de la OHL. La empresa de Villar Mir llegó a México en 2003 como una de las principales compañías en concesiones de infraestructuras del transporte del país, y se convirtió también en uno de los aliados del gobierno de Peña Nieto al frente del Estado de México. El mismo Ricardo Lozoya es el que ha puesto continuamente pegas a la gestión de Brufau, tanto para trazar una estrategia conjunta en México como para cuestionar la evolución del negocio de Repsol.

Y hay más: el asiento que ocupa Pemex en el consejo de Repsol tiene un nombre: Arturo F. Henríquez, que es, desde enero de 2013, presidente y director general de Pemex Procurement Internacional, la división de suministro y adquisiciones internacionales de (Pemex) y filial de Pemex.

Unan y concluyan: Villar Mir tienen buenos interlocutores en Pemex para maniobrar en Repsol, que no son precisamente la niña de sus ojos de Brufau.

Otra cosa es el escándalo que afronta Pemex en su tierra natal. Está, en efecto, en el centro de una tormenta desatada por la compañía mexicana Oceanografía, que ofrece a Pemex  distintos servicios, entre ellos, la instalación y mantenimiento de plataformas marinas o para la perforación de pozos. Paralelamente, Oceanografía se adjudicó unos 160 contratos públicos, entre 1999 y 2013, con lo que ganó unos 1.664 millones de euros. La secuencia la cuenta bien Alberto Nájar, corresponsal de la BBC en México.

Una comisión parlamentaria mexicana descubrió que Oceanografía estaba en el año 2000 virtualmente en quiebra y estuvo, incluso, a punto de ser embargada por el Servicio de Administración Tributaria. Y un año más tarde, ya durante la presidencia de Vicente Fox, le fue condonada la deuda y se le asignaron directamente contratos de Pemex de forma irregular, según detectó la comisión legislativa. Claro, su situación financiera mejoró notablemente.

Según el informe final de los parlamentarios, presentado en 2006, dos hijos y un hermano de la esposa de Fox, Marta Sahagún, fueron los responsables de gestionar la asignación de estos contratos a cambio del pago de una "jugosa" comisión. El matrimonio Fox lo negó, pero el informe fue apoyado por la Auditoría Superior de la Federación (el supervisor del gasto público) que también encontró irregularidades en los contratos asignados a Oceanografía.

Tras las denuncias, también en 2006, la Secretaría de la Función Pública inició una investigación y a pesar del escándalo, durante la presidencia de Felipe Calderón, también  se asignaron nuevos contratos a Oceanografía.

El pasado 11 de febrero la Secretaría de la Función Pública prohibió al gobierno federal establecer cualquier vínculo con Oceanografía, un procedimiento que se conoce como inhabilitación.

Es esas fechas cuando Banamex entra en esta historia, al revisar los préstamos otorgados a la empresa y descubre un probable fraude. El banco había establecido una línea de crédito por 419 millones de euros a través del sistema de descuentos por cobrar. En otras palabras, se liquidaría la deuda una vez que Pemex pagara los servicios prestados por Oceanografía.

La investigación descubrió préstamos incobrables, ya que estaban avalados con contratos verdaderos ante Pemex. La Fiscalía mexicana intervino y descubrió que Oceanografía presentó a Banamex documentos falsamente respaldados por Pemex. Pero no acaba ahí la cosa: en las pesquisas, también encontraron indicios de lavado de dinero en las operaciones de Oceanografía.

Miriam Prat

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