San Francisco de Sales obispo de Ginebra y patrón de los periodistas, no tenía Internet, porque nació en 1567, pero se las arreglaba bastante bien. Se decidió a escribir hojas volanderas que repartía en los templos o echaba por debajo de las puertas de las casas de sus feligreses. Vamos, con la prensa gratuita de hoy pero sin anuncios publicitarios.

El calvinismo, no lo olvidemos, es la ideología imperante hoy, porque Juan Calvino (en la imagen) es el padre del capitalismo. Era un tipo tristón y ligeramente cabrón. Hizo sangre cuando pudo y, encima, dejó un legado grabado a fuego en demasiados millones de descendientes ideológicos.

El calvinismo puede resumirse en algo tan ferozmente anticristiano como esto: si a alguien le va mal el único culpable es él. Ampliación del axioma: si un país, o una raza, vive en el subdesarrollo es porque estaba predestinado a ello. Conclusión: estate pendiente de ti mismo. Y toda esta mentira disfrazada con una verdad: a la gente hay que enseñarle a valerse por sí misma. Muy cierto, pero hay que enseñarle y ello conlleva un esfuerzo.

Todas las políticas capitalistas, hoy progre-capitalistas, todas las ideologías de los omnipotentes mercados financieros, no son más que eso: el listo gana, el tonto pierde. Y el estrambote: es justo que así sea.

Lo malo es que la humanidad todavía no ha entendido en qué consiste la inteligencia. Cuando menos, me aceptarán que el término es equívoco o que hay muchos tipos de inteligencia.

En cualquier caso, Calvinismo y catolicismo son dos términos enfrentados, porque resulta que los católicos amamos a un Dios que murió en la cruz para redimir a los listos y a los tontos a los capaces y a los incapaces. Entre otras cosas porque la sabiduría de los hombres es necedad ante Dios.

Sólo por esto deberíamos recordar más a don Paco de Sales. El chico resulta de lo más actual. ¿Lo ves, Barack Obama, ves como las 'tendencias religiosas' sí son las que forjan las naciones De hecho, todos los gobiernos, y todas las personas, se ven forzados a optar por Calvino o por Francisco.

Eulogio López

[email protected]