Sin despeinarse, el presidente norteamericano Barack Obama, ha dado un giro copernicano a su política.

Quien pedía un cambio ordenado en Egipto, es decir, con Mubarak a la cabeza, ahora anima a los persas que se rebelen contra el régimen de los ayatolás saliendo a la calle a recibir golpes de los temidos gorilas de Ahmadineyad. Es el estilo del ventajista, marcado por el si cara, yo gano; si cruz, tú pierdes. Si Mubarak resiste el apoyo para que haga el cambio democrático, si cae felicito a los ganadores. Como Julio César, los norteamericanos siempre corren presurosos en socorro del vencedor. Si los ayatolás imponen de nuevo su fanatismo, la diplomacia de Obama volverá a pactar con ellos.

La verdad es que un nuevo cambio de postura me parece estupendo, aunque desearía que les ofreciera un mayor apoyo. Por ejemplo, apoyando un Gobierno de transición en el exilio, por ejemplo, al lado de la Casa Blanca, financiando a la oposición democrática, acogiendo a los refugiados... en pocas palabras, mojándose. Por que eso de mandar a los jóvenes iraníes a luchar con palabras -bueno y con alguna piedra- contra batallones armados hasta los dientes me parece demasiado cómodo.

Eso sí, hay que reconocer que, ahora, justo ahora, ha ido más deprisa que Europa. Pero eso no es noticia, ¿verdad?

Por cierto, ¿qué hará Obama si se produce una revuelta de grandes dimensiones en Marruecos contra el dictador Mohamed? ¿Y en Arabia Saudí?

Eulogio López

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