Insisto en que el presidente Obama es un calco y un imitador de Zapatero, su verdadero clon. El parangón resulta equívoco, pero no porque no sean hermanos gemelos sino porque Obama tiene mucho más poder y el poder hace que te tomen en serio aunque promulgues chorradas. Y es muy distinto: las chorradas de Barack Obama perjudican al resto del mundo mientras las chorradas de Rodríguez Zapatero sólo nos hunden a los españoles.

Ambos se aparecen en que, ante un problema -para un político, dificultad significa perder los votos que precisa para seguir en el sillón- ofrecen de inmediato soluciones que consiguen dos cosas: ser titular de prensa y aumentar el problema.

Los norteamericanos son tan ingenuos como para creer que un desempleo del 9% es una tragedia nacional. Los españoles, más sabios, nos hemos acostumbrado a vivir con un paro del 20% y aquí nos tienen: tan ricamente, en guerra civil por la inmersión lingüística en Cataluña.

El caso es que Obama ha decidido dedicar 300.000 millones de dólares a crear empleo. Mediante la inversión en infraestructura y esas cosas. Estados Unidos tiene un déficit superior al europeo y una deuda del 100 por 100 del PIB -frente al 73% de España-. Con este paquete para crear empleo se endeudará aún más, pero no importa: lo pagaremos a escote entre todo el planeta. Vladimir Putin se va cargando de razón: Estados Unidos se ha convertido en el parásito del mundo.

Pero el problema no es ése. El problema es que la opción para crear empleo no consiste en aumentar el gasto público, sino en reducir los impuestos que gravan el empleo y la actividad empresarial y, sobre todo, a las familias. Es decir, justo lo contrario de lo que vende Obama.

Tanto en Europa como en Estados Unidos, el crecimiento económico se estanca porque el consumo cae. Las familias no tienen dinero y se aprietan el cinturón al máximo. Por eso no compran, por eso no se vende, por eso no se produce. Obama, como Zapatero, camina en dirección contraria a la salida del túnel.

Se me dirá que aumentar el consumo y reducir impuestos choca con el modelo chino y de los países emergentes, que están doblegando a Occidente a costa de crecer mediante salarios de miseria. Pues entonces, querido amigo, que diría don Manuel Fraga, habrá que detener la globalización y volver al proteccionismo.

Eulogio López

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