El informe que publicábamos ayer demuestra lo de siempre: los españoles –empresa y trabajadores- cobran poco pero tenemos costes laborales similares a los europeos. La respuesta a la apena paradoja es, claro está, los altos impuestos laborales, sobre todo las cuotas, que soportan las empresas.

Lo lógico hubiera sido reducir las cuotas –y el IRPF, aunque eso se supone que es temporal, je, je) y financiar las pensiones con una subida del IVA.

De otra forma, los empresarios se lo pensarán tres veces antes de contratar y además, optarán por cualquier subterfugio, trabajo temporal, a tiempo parcial, lo que sea- para no tener que pagar ese dineral.

En poca palabras, lo que está claro es que o reducimos los impuestos laborales o en España no se creará empleo. Si los impuestos que soporta la nómina -insisto, hablo de bruto, prescindo del IRPF- son del 30%, entonces no hay anda que hacer: España está condenado al paro permanente.

No sé si la reforma incumbe a Fátima Báñez o a Cristóbal Montoro (ambos en la imagen) pero sí sé que debería preocupar a ambos. La reforma laboral del PP se ha quedado muy corta. Ha servido para facilitar el despido pero no para los otros dos fines del tridente creador de empleo, además del despido libre (que tampoco es libre): impuestos bajos y salarios dignos.

Eulogio López
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