No creo en la sanidad pública por dos razones: porque es muy grande, y yo sólo creo en lo pequeño, que es más justo y más eficiente, y no creo en la sanidad pública porque no creo en lo público. Entendemos por 'público' lo que es de todos, cuando lo cierto es que sólo es de los políticos. Tanto el presidente de una gran empresa como el político funcionan con el mismo combustible: el dinero de los demás.

Dicho esto: el intento del presidente madrileño, Ignacio González, de privatizar la gestión de Sanidad para detener el gasto, ha terminado en la adjudicación de los hospitales Infanta Leonor (en la imagen) de Vallecas y Arganda a la empresa Ribera Salud, mientras el Hospital de Henares, en Coslada, se queda para Sanitas y los tres restantes, Parla, Aranjuez y San Sebastián de los Reyes, serían gestionados por la empresa puertorriqueña Hima San Pablo.

Bien está que seis hospitales se repartan entre tres empresas. Ahora bien, no me gusta porque preferiría gestores más pequeños y españoles. Lo pequeño siempre es más eficiente y más humano. Y un socio español es muy útil cuando se trata de llamarle a capítulo por ofrecer un mal servicio. Sinceramente, a la multinacional británica BUPA-Sanitas la salud de los madrileños le puede importar una higa. BUPA-Sanitas no sólo es una empresa lejana sino, además, lo peor: una empresa grande, demasiado grande. Y sólo lo pequeño es hermoso.

Y la medicina, no lo olvidemos es siempre vocacional. Cuando de salud se trata no quiero cerca de mí ni a directivos pendientes de la cotización en bolsa ni a funcionarios pendientes de su horario de salida. Quiero médicos que conozcan a sus pacientes, que es la única manera de hacer una medicina al servicio del hombre, esto es, una medicina cristiana.

Curioso, cuando se hizo público el concurso, apareció un cuarto postor, Clínica Madrid, una cooperativa de médicos que ha puesto en marcha servicios de medicina privada con cierto éxito. Como no era una gran empresa, en la Comunidad hasta sospecharon que fuera una empresa fantasma introducida por el PSOE de Tomás Gómez -a quien le encantan estas tácticas montaraces- para dinamitar el concurso.

No lo era, y no se le prestó la suficiente atención. Lástima. Seguramente hubieran sido los mejores gestores, porque se trata de administradores sanitarios de su propio dinero, acostumbrados, por tanto, a sacarle partido a los medios para sobrevivir. Es decir, más productivos.

Eulogio López

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