Empecemos por el principio. España nunca debió pedir el rescate bancario, que ya ha sido aprovechado por esa política nefasta llamada Angela Merkel para fusilarnos a los españoles.

En efecto, si los bancos españoles están quebrados -que no lo están, salvo unos pocos- había que dejarlos quebrar. Punto y final. Pagar a los depositantes y dejar caer a los inversores. No me cansaré de repetirlo: sí que hay una diferencia entre ahorradores e inversores. El depositante necesita del banco para pagar la luz, el agua, el gas y el colegio de los niños, porque Occidente es una sociedad bancarizada. El inversor, por el contrario, es un señor que una vez cubiertas sus necesidades primarias, arriesga en productos financieros de mayor interés -por ejemplo, en preferentes-. No es un productor, ni trabajador ni autónomo ni empresario: es un rentista. Por tanto, si pierde su dinero, lo siento muchísimo. También el pequeño comerciante que arriesgó en su negocio y quiebra se queda en la ruina sin que nadie le ayude. Y lo mismo el parado.

Pero como Mariano Rajoy (en la imagen) tiene la manía occidental, la misma de George Bush, Obama, Cameron… de todos los líderes occidentales, de que ningún banco puede quebrar, entonces es cuando llega la protección infinita al rentista en detrimento de la economía real, la formada por propietarios y proletarios, y cuando el desastre Merkel y la barbarie alemana entran en acción: ahora que ya te tengo rendido y humillado te vas a enterar. Y por eso, Merkel no quiere ni oír hablar de unión monetaria ni tan siquiera de capitalización directa a la banca española, es decir, que los créditos blandos que llegan de Europa computaran como deuda española.

Con las mentiras habituales de los germanos, Merkel ha dicho que ni se le ha pasado por la cabeza pensar en las elecciones germanas de 2013 para negarse a financiar a los países del sur de Europa. Con dinero de todos, ojo, no alemán, y en forma de crédito, que no de donaciones.

En resumen, por mucho que lo niegue Mariano Rajoy, la Cumbre Europea del jueves y viernes ha sido un fracaso monumental para Europa, para el Mediterráneo, para España. La Unión Europea no avanza hacia la unidad, retrocede. O si se quiere, avanza hacia el IV Reich, con Berlín succionando al resto de miembros, especialmente al sur y al este del continente.

Al parecer, nadie se atreve a encerrarse con Alemania y amenazar con romper la baraja. Emilio Botín asegura que el euro avanza. Tiene toda la razón: avanza hacia el precipicio.

Eulogio López

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