Un abortista es un asesino, y los homicidas siempre suelen ser muy mentirosos.

Gran jaleo mediático con el caso de la salvadoreña a la que la Corte Suprema del país ha prohibido abortar a su hijo anencefálico. Es la madre quien pide abortar. Un caso límite, claro está, de los que se cuentan con los dedos de una mano pero los mercaderes de la muerte, odiadores profesionales del género humano -salvo de sí mismos- no pueden desaprovechar.

29 de diciembre de 1996. Caso real, amigos míos por lo demás. José Alberto y Miriam esperan un hijo. Anencefálico total. Todo el entorno médico presiona para que aborte pero ellos insisten en seguir adelante porque, como ellos dicen: no es lo mismo que se te muera un hijo que matarlo. El anencefálico vive perfectamente en el seno materno pero no puede sobrevivir fuera de él.

Al cumplir los siete meses, el niño ya tiene fuerzas para salir. Nace pero solo vive en el exterior 90 minutos, hasta que le falló el corazón. Lo suficiente para bautizarle, besarle y despedirle.

Así que al contemplar el rasgado de vestiduras de los Rubalcaba, Valenciano (en la imagen) y compañía, que van a visitar al embajador salvadoreño en España -¡Pobre!- para solicitar que aborten al nasciturus contemplo la antigua farsa: un caso límite utilizado para legalizar y promocionar la muerte masiva de inocentes.

La propaganda progre, y aquí viene la exageración y la mentira. Asegura que si la madre -Beatriz, nombre falso- no aborta, muere. ¿Seguro que no hay forma de tratar una insuficiencia renal en una embarazada Ya no se trata de la vida de la madre contra la del hijo, se trata de una muerte segura -la del niño- frente a un peligro probable, el que corre la madre.

Ojo, si en algo ha avanzado la medicina es en la posibilidad de tratar a las embarazadas sin dañar al feto. Desconozco el grado de insuficiencia renal pero los médicos consultados les cuesta entender qué tipo de insuficiencia puede sufrir Beatriz que no pueda ser abordada. Especialmente, si su hijo es anencefálico y, por tanto, importe menos que un tratamiento a la madre repercuta en el niño. En resumen, me temo que estamos ante otro embuste interesado de la llamada cultura de la muerte, que más que cultura es mercado, económico y electoral.

Por lo demás, me sorprende que una madre opte por su vida -o por el peligro, máximo o mínimo que pueda correr su vida- antes que por la de su hijo, aunque su hijo esté condenado a vivir horas o minutos.

Por cierto, a los anencefálicos políticos españoles poco les importa el niño de 'Beatriz' y su madre. Para ellos, está mujer es una bandera. Lo que les importa es generalizar el aborto en el mundo. Han convertido España en el paraíso del aborto mundial y no pueden permitir que nuestras antiguas colonias, como El Salvador, nos den lecciones. Eso nunca.

Eulogio López

[email protected]