Será el primer jefe de Gobierno europeo en ser recibido por Su Santidad, el Papa Francisco (en la imagen junto a Rajoy). Para entendernos, a petición de Moncloa, no del Vaticano.

Resulta que don Mariano está muy preocupado por la actitud silente de la Iglesia, cuando el país vive en un clima pre-revolucionario. Rajoy sabe que si hay una organización capaz de vertebrar España es la Iglesia. Ni tan siquiera el Ejército, tan maleado, puede emularle en esto.

Pues bien, Rajoy acude a Roma a pedir ayuda, pero eso representa mucha cara. Lo cierto es que el PP lleva años, tanto con Aznar como con Rajoy, tomándole el pelo a los católicos bajo el principio de que un cristiano consecuente sólo puede votar al PP.

La verdad es que muchos cristianos, precisamente por su coherencia, aseguran que no pueden votar al PP, que mantiene las mismas tesis aborteras, el homomonio y el divorcio exprés -más grave esto que aquello- y, en definitiva, los mismos complejos y la misma cobardía de hace 15 años. El "voto católico no existe" en España, es el lema del PP y el nuevo Gobierno mantiene las mismas tesis de derecha pagana y, sobre todo, tibia y cobardona, que con Aznar. Si cabe multiplicado.

Rajoy le pedirá al Papa Francisco que la jerarquía española hable más y mejor (de su Gobierno, naturalmente). Si el Papa Francisco hace caso a los pesos pesados de esa jerarquía, probablemente le responderá que el PP debe dejar de burlarse de los principios cristianos, al menos de los principios no negociables de Benedicto XVI: vida, familia, libertad de enseñanza y bien común. Asignatura ésta última en la que, por cierto, el PP suspende una y otra vez.

Rajoy venderá miedo al Pontífice: la cristofobia -y es cierto- crece en España, pero a lo mejor se encontrará con un Papa que prefiere la Iglesia mártir a la Iglesia adocenada y más amiga de la verdad que de la conveniencia.

Eulogio López

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