Lo más importante, el espléndido reportaje sobre la islamización de Ceuta y Melilla en La Razón del pasado domingo 23 de junio. Titular: "La yihad en casa". Todo ello con un cartel ubicado en la barriada de La Cañada, en Melilla, que pregona el siguiente mensaje: "Ben Laden es inocente. Estamos contigo a muerte". En efecto, están a muerte porque el objetivo del fanatismo islámico, amparado por las leyes españolas, es ese: matar.

En segundo lugar, como efecto de la causa anterior, de la islamización de las dos plazas españolas en el norte de África, la detención de una célula fundamentalista que enviaba remesas de terroristas, formados en España por la impunidad con la que operan las madrazas islámicas a Siria, alguno de ellos suicidas con grandes matanzas en su haber.

Es lo lógico. Las fronteras de las dos plazas de Ceuta y Melilla sólo son frontera para los pobres inmigrantes negros muertos de hambre. Para los islámicos marroquíes no. Éstos han invadido Ceuta y Melilla mientras en Madrid se miraba hacia otro lado y ya no necesitan forzar las fronteras: el enemigo está dentro.

Así que mi sorpresa es mayúscula cuando escucho al ministro de Exteriores, García Margallo (en la imagen), defender la suicida política europea y norteamericana de armar a la oposición siria (fanatismo islámico), mientras el responsable de Interior, Jorge Fernández, desactiva células suicidas criadas en Ceuta y Melilla o contemplar a uno de los máximos responsables del Ejército español asegurar que no le preocupa la islamización de las tropas españolas en Ceuta y Melilla. 

Miren ustedes, lo que hay que hacer es re-militarizar Ceuta y Melilla. En primer lugar, para españolizar las dos plazas africanas. En segundo lugar, para reactivar económicamente dos plazas cercas y penetradas por los marroquíes y por las células yihadistas.

Y no estaría de más reformar la presencia policial, además de militar, en Ceuta y Melilla, con recortes o sin ellos. Y, de paso, no ser tan incautos como para nombrar delegados del Gobierno de Madrid, musulmanes al frente de las fuerzas del orden españolas. En tercer lugar, aprovechar la reciente sentencia del juez Velasco, tras la detención de una célula de propaganditas islámicos en Cataluña que permite la expulsión de yihadistas sin nacionalidad española.

Y, naturalmente, poner a trabajar a los abogados del Estado -para eso les pagamos- para negar a los musulmanes que lo soliciten la nacionalidad española, que sólo utilizan para poder insertarse en nuestra sociedad y en nuestro ejército, y poner en práctica su odio a España y su Cristofobia. A este país le costó más de 700 años expulsar a los islámicos, no de la península, sino de la Europa cristiana. Ahora, la invasión no es militar -ojalá- sino legal. Mucho más peligrosa. Sobre todo, con gobiernos cobardones como el actual Ejecutivo Rajoy.

Eulogio López

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