• Las críticas, cada vez más intensas y amplias, muestran a un presidente débil, incapaz de reaccionan ante la espiral de violencia.
  • Y también cuestionan al PRI, que recuperó el poder en 2012 tras perderlo por primera vez desde 1929 con la presidencia con Vicente Fox, en 1989.
  • Las cifras de la violencia son propias de un estado en guerra: en 2013, más de 123.000 secuestros y 22.000 desparecidos.
  • Los analistas destacan que el 'caso Iguala' puede repetir el antes y el después en México tras la matanza de estudiantes de Tlatelolco en 1968.
  • Las protestas de los mexicanos en las calles son constantes contra la violencia que sufren a diario.
  • "Entre el 63% y el 67% de los municipios mexicanos estaban siendo capturados por grupos criminales", denunció en 2008 el ex asesor de la ONU Eduardo Buscaglia.

La desaparición y posterior asesinato de 43 estudiantes en México ha marcado un antes y un después en el clima de indignación de los ciudadanos contra la violencia y la corrupción. En el sentir de los mexicanos, el narcotráfico o la violencia se han colado en la arquitectura institucional del país: afecta al poder político, al económico y a la judicatura.

La muerte de los 43 'normalistas' (estudiantes de Magisterio) ha sido la gota que ha colmado el vaso sobre la impunidad y la ineficacia de las fuerzas de seguridad. Según el Institucional Nacional de Estadística del país, unas 123.470 personas fueron secuestradas en México en 2013 y más de 22.000 han desaparecido desde que comenzó la guerra contra el narco en 2006, de acuerdo con cifras oficiales.

Lo único que queda por descubrir del asesinato de los 43 estudiantes es lo que muestre el análisis de sus cenizas -encontradas en una veintena de fosas comunes del municipio de Iguala-, pero la llama de la protesta ha prendido. Y los mexicanos han salido a las calles a protestar contra la violencia que viven a diario.

Este domingo, en otra manifestación masiva en la capital mexicana, se volvieron a escuchar los mismos gritos que no han dejado de rugir desde lo sucedido en Iguala, pero con voz cada vez intensa y en más zonas del país. La protesta es contra la espiral de violencia, pero sobre todo contra la responsabilidad del Gobierno de Peña Nieto (en la imagen), del PRI. "¡Ya me cansé de este pinche Gobierno!" o "Renuncia Enrique Peña Nieto" era el mensaje de algunas de las pancartas.

Las críticas contra Peña Nieto son por no haber actuado con diligencia tras la desaparición de los estudiantes, por mostrarse débil y tratar de maquillar el alcance real de la violencia en el país. Y por ende se dirigen también contra su partido, el PRI, que se mantuvo en el poder entre 1929 y 1989, cuando perdió por primera vez la presidencia con Vicente Fox, candidato del PAN, aunque recuperó en 2012, con Enrique Peña Nieto.  

Para los analistas, el 'caso Iguala' puede marcar un antes y un después en la presidencia de Peña Nieto, del mismo modo que hubo un antes y un después con la matanza de estudiantes de Tlatelolco en 1968. Las críticas arrecian desde todo los ámbitos. Eduardo Buscaglia, investigador de la Universidad de Columbia, experto en crimen organizado y ex asesor de la ONU, escupía su rabia recientemente cuando, desde 2008, empezó a denunciar que "entre el 63% y el 67% de los municipios mexicanos estaban siendo capturados por grupos criminales".

El fiscal general de México, Jesús Murillo Karam, dejó claro que el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y su esposa, María de los Ángeles Pineda, trabajaron directamente con el grupo armado Guerreros Unidos, al igual que la mayoría de la fuerza policial municipal.

La crisis ha llegado también al Partido de la Revolución Democrática (PRD), del izquierdista Cuauhtémoc Cárdenas. Cárdenas ha advertido en una carta abierta que "el partido está a punto de disolverse o de quedar como una simple franquicia político-electoral, subordinada a intereses ajenos a los de su amplia base militante". El fundador del PRD quiere ser un simple militante y se queja en esos términos de las "desafortunadas y cuestionables decisiones" de su partido desde la desaparición de 43 'normalistas' y cuestiona las alianzas electorales equivocadas (el alcalde de Iguala, autor intelectual de la masacre, fue nombrado por su partido) y la existencia de "corrientes internas" en la dirección.

Rafael Esparza

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