Merkel presenta su 'grossem coalitionem' (no, no es alemán, es cachondeo) con los socialdemócratas con el siguiente mensaje: asegura que "nos hemos escuchado y eso es algo que no suele hacerse entre políticos".

No, querida señora Merkel, no se trata de una noticia positiva, al menos para la generalidad. Es cierto que los ciudadanos desean que los políticos no se pierdan en discusiones estériles al grito de quien es más listo. Pero los ciudadanos y hasta para el sentido común, una coalición entre los dos grandes partidos políticos de un país supone cargarse la alternativa política y sólo debe hacerse en momentos de emergencia nacional, no porque no salgan las cuentas en el Legislativo. 

¿O es que, en el fondo, democristianos y socialdemócratas ofrecían el mismo programa a sus electores Se pasan una legislatura tirándose los trastos a la cabeza y, al final, por puro ansia de mantenerse en el poder, resulta que sus posturas son intercambiables y pueden gobernar juntos como si fueran buenos hermanos ¿Eso no se parece demasiado al pensamiento único, es decir, a la negación de la democracia

Y en España, casi todos los medios informativos alaban el pacto y aseguran que el experimento alemán no sería posible en nuestro país, entre PSOE y PP. Pues menos mal, eso significa que somos mucho más demócratas que los prusianos.

En Chile, el sofisma lo ha aportado la recién elegida Michelle Bachelet (en la imagen), Nuevo Orden cultural (NC) en estado puro. La abstención superó el 60% y, entonces, doña Michelle aseguró que pondrá mucho empeñó en que esa mayoría que no vota "vuelva a confiar en la democracia". No, mujer, si confianza en la democracia sí que tienen los chilenos: en quien no confían es en los políticos. Por ejemplo, en usted y aún menos, al parecer, en la perdedora, Evelyn Matthei. Para ser exactos, no confían ni en su vocación de servicio al público ni en el cumplimiento de sus promesas electorales. Por eso, ni se toman la molestia de ir a votar.

Eulogio López

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