• Alemania sigue creciendo a costa de las exportaciones al sur de Europa.
  • En esas circunstancias, y con unas elecciones a la vuelta de la esquina, la canciller ni quiere ni puede cambiar.
  • El electorado alemán vota en clave nacional y sigue considerando que el resto de Europa es un parásito de los germanos.
  • Es más, expoliado el Mediterráneo, los medios alemanes empiezan a decantarse por la vuelta al marco.
  • Y Francia, en recesión, ya ha demostrado que no tiene fuerzas para doblarle el pulso a Alemania.
  • Conclusión: Berlín se está cargando la Unión Europea.

En el segundo trimestre del año, Alemania creció un 0,3%. Ciertamente no es mucho, pero está por encima del 0,2% esperado, aunque por debajo del 0,5% del trimestre anterior. En cualquier caso, el dato positivo se debe al aumento del consumo y a las exportaciones, tanto fuera de Europa como al sur del Continente.

Por otra parte, Angela Merkel (en la imagen) se enfrentará, en poco más de un año -finales de octubre de 2013- a unas elecciones generales que podrían darle su tercer mandato consecutivo. Y, claro, a la hora de tomar decisiones, la canciller lo hace pensando en los electores, esto es, en los alemanes que, dicho sea de paso, siempre han considerado que, en general, el resto de Europa se ha aprovechado de su trabajo y su crecimiento.

Esta idea es todavía más acusada con los llamados periféricos. Un ejemplo muy ilustrativo: incluso antes del primer rescate a Grecia, en la sede de la UE se contaba el siguiente chiste: se marchan de juerga un griego, un portugués y un español. ¿Quién paga?... el alemán.

Pero la situación va más allá. Los medios germanos ya han comenzado a hablar de la posibilidad (y de la conveniencia, incluso) de la vuelta al marco, una vez que hayan exprimido totalmente el Mediterráneo.

Y a todo esto, la Francia de Hollande, que se presentó como la alternativa a los ajustes alemanes, ha tenido crecimiento cero en el segundo trimestre y ha demostrado que no tiene fuerzas para doblarle el pulso a la Alemania de Merkel.

La conclusión que se desprende de todo este panorama es clara: Berlín se está cargando la Unión Europea, que ha pasado de ser la unión de países bajo el principio de la solidaridad, a ser un banco en el que unos ganan a costa de otros.

Pablo Ferrer

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