Angela Merkel llegó ayer domingo a España para hablar con Rajoy (ambos en la imagen). En las instantáneas se les veía en feliz conversión en un tramo del camino de Santiago, aunque se desconoce en qué idioma hablaban.

Hoy lunes, con intérpretes, han ido a cosas más serias, como el reparto de cargos en la UE, aunque no sólo de eso. Una cosa es cierta: Merkel va a por todas, como quien dice. Quiere influir en Rajoy para la política económica europea, del mismo modo que se abre otros frentes. También ha aparecido este fin de semana por su viaje a Kiev para defender su integridad territorial de Ucrania y se apunta a armar a los kurdos para frenar las atrocidades del Estado islámico.

La canciller germana pone como ejemplo las reformas en España para dar argumentos a Francia y a Italia

Lo de Ucrania le toca de cerca por las implicaciones del conflicto con Rusia en su propia economía, responsable del parón en las exportaciones alemanas en el segundo trimestre y, por ende, del retroceso del 0,2% en su PIB. Las tensiones geopolíticas no son buenas para su economía. Y hay que enmarcar ahí también su disposición para armar a los kurdos y que Irak sea un problema controlado.

Pero a Merkel le preocupa también, y mucho, la débil recuperación de la economía europea. No sólo eso. Está convencida de que la culpa la tienen Francia e Italia, que no están aplicando las medidas de austeridad, las reformas estructurales que ella quiere. Por eso ha buscado la gallega cordialidad de Rajoy, un buen cartel para decir que la cosa va bien cuando le hacen caso. El cruce de piropos ha sido muy ilustrativo, aunque no es ninguna anécdota que la tasa de paro en el caso español es superior al 25%.

La reunión privada de hoy lunes ha sido, sólo teóricamente y a cinco días del Consejo Europeo de Bruselas del día 30, para tratar del reparto de cargos en la UE tras las elecciones europeas. Rajoy le apoyó con la candidatura de Juncker para presidir la Unión y España quiere colocar, al menos, a Luis de Guindos como presidente de Eurogrupo y a Arias Cañete como comisario.

Eso es lo que está en el 'programa', pero Merkel quiere más, sobre todo argumentos para convencer a Francia y a Italia, la segunda y tercera economía del euro. Matteo Renzi, primer ministro transalpino, pide su tiempo y que le dejen en paz, que cumplirá con el objetivo de déficit. Pero le ha salido un problema con la entrada en recesión técnica en el segundo trimestre (-0,2%). Y el primer ministro francés, Manuel Valls, por su parte, va a cambiar su Gobierno, forzado por el estancamiento de su PIB (0% en el segundo trimestre), pero no deja de quejarse: quiere hacer frente a la "obsesión germana" con la austeridad y de promover políticas alternativas a favor del consumo de las familias para que la economía repunte. Como ha dicho este domingo su titular de Economía, Arnaud Montebourg, "Francia es la segunda economía de la eurozona, el quinto poder económico mundial, y no pretende alinearse con la excesiva obsesión de los conservadores alemanes".

Ese el trasfondo del encuentro de Merkel y Rajoy, aparte de los piropos mutuos, y el altavoz empleado en la rueda de prensa, celebrada esta mañana, en Santiago de Compostela, para lanzar un mensaje al resto de los países.

Mariano Tomás

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