He visto la final del formidable programa "MasterChef" de TVE-1 emitido a las 22,30 del pasado miércoles, con una cuota de pantalla del 33,1%, y que a las 0,31 alcanzó el máximo de audiencia con un total de 6,6 millones de telespectadores. Se podría decir que ha sido uno de los mejores programas de esta temporada, si hubiesen prescindido desde el principio del lenguaje blasfemo que utilizaron en un principio, un tema que ya denunció Hispanidad. En las últimas entregas del programa rectificaron, afortunadamente.

El ganador fue Juan Manuel Sánchez, almeriense de 25 años de edad que obtuvo el premio de 100.000 euros, en dos semanas publicará su primer libro de recetas de cocina y en octubre comenzará el curso en la escuela de alta cocina Le Cordon Blue, que le ha concedido una beca.

Juan Manuel sufrió un revés en su trayectoria profesional. Falleció su padre siendo muy joven. Es un luchador con un gran afán de superación, sencillo, cordial, humilde y amigo de sus amigos.

Sueña con abrir un restaurante cuando se sienta seguro y formado. A la entrega del premio acudió el mejor cocinero del mundo, Ferrán Adriá

"MasterChef" es el mayor éxito de audiencia que ha obtenido la cadena estatal TVE-1. La periodista Rosa Belmonte ha afirmado que "entretener con un programa mas blanco que el papel, también puede ser un servicio público" "Que fuera la primera edición y que los concursantes hayan acudido vírgenes también ha ayudado (esa ingenuidad televisiva ha recordado mucho al primer "Gran Hermano", con todas las diferencias que hay entre gente que hace algo y gente que no hace nada). "MasterChef" es un tipo de programa que las otras cadenas envidian.

También los programas que pretender ser limpios, blancos como el papel, llegan al gran público sin tener que acudir a la bazofia, al sexo por el sexo y a la violencia. El programa "Gran Hermano", pilotado por la bufona Mercedes Milá y líder en audiencia, ha sido destronado por un programa lleno de inocencia, cordialidad, simpatía, buen humor y compañerismo entre los concursantes.

Es reconocido que los anhelos primarios de la televisión deben ser; informar, enseñar y recrear. La telerrealidad, promovida en Norteamérica con el "Real World" de la cadena MTV, zanjó el menú de diversión. La desfachatez, la intromisión en la subsistencia privada y la ironía déspota y patética son frecuentes.

Es necesario que se pongan los medios pertinentes ante la epidemia de vulgaridad y erotismo que inunda la pequeña pantalla y que sólo consigue degradar al telespectador. Urge eliminar de las parrillas todas las series violentas, insolentes y eróticas, que pueden ofuscar a los chiquillos que, ante semejantes aberraciones, pueden terminar enmarañados.

No se puede consentir que se produzca la aseveración de Lope de Vega; "Si el vulgo es necio, es justo hablarle en necio, para darle gusto".

Clemente Ferrer
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