Recuerden lo que decía Francis Bacon de la propiedad privada: es como el estiércol: lo mejor… mientras esté bien repartido.

El problema del señor Alan Solomont, embajador de Estados Unidos en España, consiste en que no reparte lo que se dice nada. Es como un lobby en favor de los intereses financieros más peligrosos del reino de la especulación, que no es otro que su país. Es, además, un empresario, no un embajador, que cuida los intereses de las empresas norteamericanos en España cuando su función es cuidar de los intereses de los ciudadanos norteamericanos en España, que no lo mismo.

Todo en vísperas de la reforma energética -tercera del ministro Soria-, que se supone debería ser aprobada por el Consejo de Ministros el viernes 29.

Peor: Solomont no es un empresario es un financiero. Él quiere que los españoles sigamos pagando una luz cara y subvenciones a los millonarios de las renovables, sobre todo de la termosolar, por un cuarto de siglo. Es natural, defiende a los suyos que son los especuladores norteamericanos, los fondos que han financiado la carísima energía termosolar.

Y es lógico que un embajador presione para que sus compatriotas continúen forrándose. Forma parte del juego. Lo que no resulta tan lógico es que el señor embajador amenace al Gobierno de España y el calumnie a nuestro país alegando que vivimos en la inseguridad jurídica. ¿Inseguridad jurídica sobre qué? ¿Sobre su sopa boba?

A este tío, insisto, había que echarle de España.

Eulogio López

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