Frau Merkel ha venido de inspección a su colonia del suroeste, dicha España, para vigilar al alumno díscolo, que no hace más que darle quebraderos de cabeza, pobriña.

Como los españoles estamos un poco tontos, aceptamos de buen grado, casi anhelantes, la supervisión del IV Reich, que domina Europa, con cierto aire masoca, nos dejamos aconsejar, y si fuera el caso, forzar, generalmente a costa de nuestros bolsillos.

Sólo un dato: Merkel insiste en que no se puede ligar los salarios a la inflación. Como se hace en España. En circunstancias teóricas no me parecería mal, oiga usted. Los salarios deben ligarse a la productividad, estoy de acuerdo. Ahora bien, el juego matemático de los porcentajes no puede hacernos olvidar las cifras absolutas.

España es un país de salarios bajos, gran esfuerzo fiscal (no presión fiscal, pero sí esfuerzo fiscal individual) y un paro que bate todas las marcas.

Está muy bien eso de que los españoles imitemos la moderación y ortodoxia germanas siempre que consideramos unos pequeños detalles:

El salario medio (bruto anual) español es de 21.500 euros; el alemán, 42.000 euros. Es decir que cobran el doble, con unos precios muy similares.

Similares y subiendo, que Alemania soporta una inflación del 1,9 frente al 2,9% de España.

Los alemanes no fijan salario mínimo, que en España anda por los 670 euros. Si quieren comparar con otros países europeos, observen el cuadro adjunto: los españoles que cobran esa cantidad -menos impuestos- por ocho horas de trabajo viven en la subsistencia. Precisamente, la generosa subida del SMI del Gobierno Zapatero para 2011 ha sido de nueve euros mensuales, un pastón.

Y por supuesto, el Estado del Bienestar alemán es mucho más generoso, especialmente en pensiones, que el español.

Miren ustedes, en estas circunstancias, las exigencias de Frau Merkel es para mandarle a freír espárragos y la sumisa docilidad de nuestros medios informativos es como para colgarnos en la espalda un cartel que diga lo siguiente: soy idiota.

También exige Merkel que unifiquemos fiscalidad empresarial. ¿Y por qué no homologamos rentas, Frau?
Y la culpa de todo la tienen los controladores: si hubieran cerrado el espacio aéreo español, la cancillera prusiana no habiera podido aterrizar en Madrid.

Eulogio López

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