Ibercaja y Sabadell, los únicos que juegan medio en serio en la subasta de la CAM. Con la entidad filial de Bankia, se quedarían los perdedores. Rodrigo Rato desmiente que haya pedido la dimisión de José Luis Olivas pero la brecha se ha abierto, también en Iberdrola. Con el Valencia desaparece la banca propia de aquella comunidad autónoma y el Banco de España acentúa su desprestigio

El Banco de Valencia es una entidad pequeña con 18.000 millones de activo, pero su caída ha supuesto la puntilla en el proceso de desprestigio de la banca española y, ya de paso, del instituto supervisor, el Banco de España.

Y es que el problema de la filial de Bankia, antes de Bancaja, ha surgido de la noche a la mañana tras una inspección de casi un año por parte de dos inspectores del supervisor, los mismos que aseguran que la entidad ahora liderada por el gobernador Fernández Ordóñez, no les hace el menor caso y que se politiza su trabajo. Digamos que, con todos los líos pendientes, con pánico a una crisis sistémica del sector, ahora llega el Valencia.

Al gobernador MAFO sólo se le ocurre acelerar todo lo posible la retrasadísima adjudicación de la CAM, cuyo plazo de oferta se cierra el próximo 24 de septiembre, y adjudicarla a cualquier precio -precio público, a cualquiera de los escasos postores que han mostrado algo de interés, y eso con muchas exigencias-. Los mejor colocados son el Banco Sabadell e Ibercaja aunque no está del todo descartado Banesto. Pues bien, sería uno de los perdedores de la puja por la CAM al que se le ofrecería el Banco de Valencia, dado que Rodrigo Rato, presidente de Bankia, propietario de un 28% de la entidad, no está por la labor de afrontar su saneamiento. Para eso, prefiere perder su capital. Así, el Valencia podría asignarse por el procedimiento de urgencia a cualquiera de los perdedores del concurso CAM. Pero, naturalmente, el Banco de España tendrá que poner mucho dinero sobre la mesa. Es una forma de tapar la vía de agua antes de que se inunde el local.

Y es que Rodrigo Rato ya tiene suficientes problemas en Bankia como para que ahora se le exija un reto añadido. Rato es un tipo de lo más pragmático pero brama contra su número dos, José Luis Olivas, quien dimitió como presidente del Banco de Valencia en cuanto se olió la tostada. Es decir, gestionó fatal y encima se dio a la fuga cuando la situación se puso imposible. Con su pragmatismo habitual, Rato no le ha pedido la dimisión: ahora hay que llegar a un acuerdo sobre el Valencia pero, eso sí, luego habrá que revisar el papel de Olivas que no olvidemos que no sólo vicepreside Bankia, sino que, además, es el representante de la entidad en su mejor activo industrial: Iberdrola.

Rato no está dispuesto a gastarse un duro en el Valencia, así que el asunto está muy claro: si quieren que se quede con el puerro, tendrán que pagarlo.

Como colofón, la caída del Banco de Valencia ha supuesto la puntilla para el ya archidesprestigiado sistema bancario de la Comunidad valenciana.

Miriam Prat

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