Esto ya no es una sociedad adolescente, es una sociedad tirando a neurasténica. Hablo de la tragedia del Madrid Arena: cinco muertes.

A servidor ya le extrañó que, horas después del desastre, la estrella mediática fueran los jovencitos que se quejaban de la falta de seguridad: me dejaron entrar sin pedirme el DNI y no tengo 18 años.

Eso está muy mal, sí señor, pero también lo estaría -¡Oh, solemne majadero!- podías haberte encargado tú mismo, 'motu proprio', de no vulnerar la norma, sin necesidad de que nadie te exigiera a ello... y no entrar donde no podías entrar.

Pero a los adolescentes se les perdona todo porque no se aguantan ni ellos y porque sus patologías suelen curarse con el tiempo.

Ahora bien, más me sorprende que la empresa organizadora, Diviertt, denuncie ahora al Ayuntamiento de Madrid por haberle cedido un local para hacer la fiesta que no reunía las condiciones necesarias. Y entonces, amigo, ¿por qué lo organizaste?

No estamos en la elusión de responsabilidades sino en la renuncia a nuestra libertad: que alguien me vigile, porque no me fío nada de mí mismo, sería el lema.

Mucha cara, ¿no?

Eulogio López

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