• Francisco ya viaja a Roma a través del cielo de China, país con el que la Iglesia no tiene relaciones desde que los comunistas tomaron el poder.
  • Además de su condena al aborto, el Papa ha insistido en las recetas para vencer los peligros de una sociedad materialista y secularizada.

El Papa Francisco (en la imagen) se ha marchado de Corea del Sur, lanzando el mismo mensaje con el que inició su viaje apostólico: un llamamiento a la reconciliación con los vecinos del Norte. Ya lo dijo también durante una misa en la catedral de Seúl, en la que urgió a evitar "una mentalidad de sospecha y confrontación" que conduzca a la paz. Pero en la retina de los surcoreanos, entre otros muchos mensajes, se ha quedado la imagen del Pontífice rezando en un 'cementerio de fetos abortados', como llaman los ciudadanos de aquel país a un jardín rodeado de cruces blancas de madera con una estatua de la Sagrada Familia.

La imagen del Papa rezando por esas víctimas se enmarcaba entre los actos de su tercera jornada en el país y la visita al centro católico de atención de discapacitados de Kkottongnae, al sur de Seúl. Los católicos están especialmente sensibilizados con esta tragedia. Su tasa de abortos es una de las más altas. Los datos oficiales cifran en 340.000 los abortos practicados en 2005, un año en el que nacieron 440.000 niños. En otras palabras, nacieron sólo 100.000 de los que murieron.

El vigor de la Iglesia en Corea es fuerte como también sus amenazas, propias de un país próspero y secularizado. Los bautizos suman los 25.000 niños todos los años y 100.000 adultos. Y de hecho en los últimos 25 años, el tamaño de la Iglesia se Corea se ha duplicado.

Eso explica también muchos de los mensajes lanzados por el Papa Francisco estos días que todavía resuenan, como los peligros de la riqueza y el desencanto que provoca el materialismo, cuyo antídoto para vencerlo es la fe. El Papa ha insistido también en que "la Iglesia en Corea vive y se mueve en medio de una sociedad próspera pero cada vez más secularizada y materialista", que podría contagiarse de criterios mundanos como éxito o el poder.

El Papa vuela ya a Roma y ha atravesado de nuevo cielo de China, país con el que la Iglesia no tiene relaciones formales desde que el Partido Comunista conquistó el poder en 1949.

Cristina Martín

[email protected]