Una descendencia numerosa es muestra de la predilección de Dios. Ayer, hoy y siempre. No parece que esta sociedad se cuenta entre las predilectas.

Pero hasta más. Al final, el mejor termómetro de la vitalidad de una sociedad es ese: que dé vida. Pero falta vitalidad, somos mortecinos, con mucho miedo a la vida y poca generosidad. Por eso no tenemos hijos.

Insisto en que los problemas económicos siempre nacen de un problema demográfico.

Pero luego hay otro problema: los hijos que no tuvimos se esconden en las cloacas, comen las últimas flores parece que adivinaran que el día que se avecina bien con hambre atrasada.

Los hijos que no tuvimos claman al cielo: ellos tenían derecho a la vida y nuestro egoísmo se lo arrebató. No es cosa de broma. Desde las cloacas amenazan con vengarse.

Eulogio López

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