Decíamos ayer que España se muere debido a una enfermedad contagiosa y terrible: no tenemos hijos.

Por ahora, sólo envejece pero el resultado natural de actual proceso de odio a la maternidad es ese: la extinción. Y sin españoles, ni hay economía española, ni Estado del Bienestar ni progreso: no hay España.

Y la verdad es que a los jóvenes se lo estamos poniendo muy difícil para tener hijos. Casi diría que imposible. Además de terminar con el aborto y con la anticoncepción abortiva -toda menos el condón- es fundamental que vuelva la denostada familia numerosa.

Este egoísmo antiprocreativo no se cambia desde el Gobierno, pero el Ejecutivo puede ayudar. Puede hacerlo con la instauración del salario maternal, o ayuda a las parejas que tengan hijos -futuros contribuyentes- con un salario maternal, que no deja de ser el mismo que tienen en muchos países europeos, como Irlanda, Bélgica o Francia. Un salario maternal que tendría que coincidir con el salario mínimo.

Insisto, no es una cuestión de caridad sino de justicia, dado que, sobre todo la madre, está proporcionando a la sociedad aquello que la sociedad española más necesita: hijos. Y no es una opción sino la única alternativa de supervivencia como país. Quien no fomenta la maternidad está actuando bajo el lema de "Después de mí, el diluvio". O el más castizo de "el que venga detrás que arree".

Eulogio López

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