Si hay algo que el PP no soporta es un cristiano o un provida, condiciones que no tiene por qué coincidir en el mismo sujeto,  pero generalmente coinciden. Es más, no todos los próvida son cristianos pero todos los cristianos son provida. Y si no no son provida, es que son cristianos de boquilla.

La muy progresista vicepresidentas del Gobierno de derechas, doña Soraya Sáenz de Santamaría, no cae ni en la incongruencia ni en la incoherencia; ni es cristiana ni es provida. Es más, se ha encargado de aclarar, ella, mismamente, que la reforma (hipo-mini-reformita) del ministro Gallardón sobre la Ley Aído, del ilustre ZP, se paraliza. Sin fecha para retomarla, imagino.

Total, que cuando el inefable Gallardón habló del derecho a la vida en el Congreso, ardió Troya. El lobby feminista, tanto del PSOE como del PP, se comportó con ese gracejo que le caracteriza y comenzó a eructar bestialidades. Era un mini-reforma mínima y sin sentido pero a la progresía, también a la progresía pepera, les sabía a caverna profunda, golpe de Estado faccioso y machismo letal.

Conclusión: que Soraya, siempre atenta al sentir del pueblo, especialmente del más vocinglero, decidió paralizar la norma.

Y entonces volvió el silencio. Nadie, ni políticos ni periodistas, han levantado la voz en defensa del más inocente y más indefenso: el concebido y no nacido. Y Soraya Sáenz de Santamaría se ha esmerado en no dar la palabra -por ejemplo, en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros- a ningún medio, muy pocos, que pudieran atreverse a plantear la cuestión del aborto… en defensa de la vida. Por ejemplo, a Hispanidad.

El Gobierno Rajoy (en la imagen) es un gobierno de cobardes. Asombra hasta qué punto. Cuando se trata del aborto vivimos el mismo ambiente que bajo los regímenes nazis o maoístas: nadie se atreve a alzar la voz y, sobre todo, se niega la evidencia. La evidencia del asesinato consentido y promocionado.

Eulogio López

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