Siempre que hablo de la Cumbre anual de Davos me acuerdo del famoso argumento de por qué los ricos no se sensibilizan con la pobreza: "Si alguien tiene hambre, el rico no comprende por qué no toca la campanilla para que venga el servicio".

Y ha sido en Davos, donde la canciller alemana Angela Merkel nos ha ordenado -perdón, aconsejado- a los españoles que imitemos la reforma laboral germana y que nos dediquemos a los servicios.

Supongo, que la 'Emperatriz de las Europas' tenía en mente a los turistas alemanes que han tomado Mallorca o La Palma, pero no estoy muy seguro. O sea, que nos dediquemos a prepararles sus vacaciones porque los latinos sureños no dan para más.

Esto está muy bien: en el mundo global se habla de especialización por países. A Juan Español le toca servir la cerveza a Otto Von Bismark.

Y no está nada mal la cosa, porque el turismo es una de las claves de la economía española. Vamos, que parece el único sector que funciona. Hombre, lo que molesta un tanto es que Merkel aconseje que nos dediquemos al sector servicios mientras Alemania nos coloca sus productos industriales, donde tiene colonizada a España, convertida en un páramo industrial.

En la reforma laboral los consejos de doña Angela caminan por la misma vía: la igualdad de los desiguales. España necesita flexibilidad ciertamente, pero Alemania no es un buen ejemplo. De hecho, su mercado laboral es poco flexible pero puede permitírselo dada su bonanza económica... conseguida en parte gracias a un mercado común donde los alemanes colocan sus productos en el sur y el este de Europa.

Y, en suma, no son posibles dos mercados laborales paralelos cuando los alemanes cobran casi el doble que los españoles.

En cualquier caso, señora Merkel, muchas gracias por sus consejos. Los meditaremos.

Eulogio López

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