Asegura Zarzuela, a través del diario El Mundo, que el matrimonio de SAR Felipe de Borbón y doña Letizia Ortiz Rocasolano no sufre crisis alguna, sólo tiene altibajos. Desde luego, deseamos que no sufra crisis alguna, pero tampoco altibajos.

El matrimonio, incluido el de la Familia Real, debe estar enraizado en el amor, es decir, en la donación mutua y en el compromiso. Y el amor o crece o mengua, pero nunca se está quieto. Decir que un matrimonio sufre altibajos es decir que está en crisis. El portavoz de la Casa Real, Javier Ayuso, debería saberlo y no caer en el "excusatio non petita...".

Es verdad que, entre sus muchos problemas, el Monarca tiene uno llamado Letizia. Incluso seis meses atrás dio la orden más dura: preparar jurídicamente la separación de los Príncipes de Asturias. Y este problema si es importante: no si la infanta Cristina debe cubrir la rampa del Juzgado de José Castro a pie o en automóvil.

Algunos medios de comunicación han jugado a eso: a un divorcio real. Son los mismos que habían conseguido una futura reina progre y ahora pretendían algo más: un rey divorciado, que, según ellos, sería el no va más de la modernidad.

Como también lo es que, afortunadamente, el Príncipe Felipe ha hecho todo lo posible para salvar su matrimonio y para lograr que doña Letizia no siga 'fuera de control'. Esperemos que tenga éxito, porque lo único que nos faltaba era eso: un sucesor divorciado. Y no porque eso desestabilice el sistema sino porque el papel primordial de la monarquía en la Europa del siglo XXI consiste en ser una referencia moral para el pueblo. Y si no es eso, probablemente no sea nada.

Por otra parte, el Rey, tras su doble operación, no está como para divorcios. Todo su interés es permanecer dos o tres años más en el cargo, para arreglar el 'problema catalán', si fuera necesario con una reforma controlada del texto constitucional. Es decir, sin referéndum y con votación en las cámaras. Todo para otorgar a Cataluña un acomodo y desactivar la querencia independentista de buena parte de la sociedad catalana.

No, el Rey no va abdicar, aunque es cierto que la reforma controlada de la Constitución se topa con la oposición de Mariano Rajoy. En el seno del Gobierno, el catalanista Margallo ha perdido la batalla frente a la centralista Soraya (hoy, nuevo palo en el ABC, el diario de Soraya, a Margallo a cuenta de Cuba) y, en resumen, Rajoy ha endurecido su opinión respecto a Artur Mas y a CIU. En plaza: a los nacionalistas ni agua.

Pero todo ello no quita que los portavoces de la Zarzuela deberían ser más prudentes.

Eulogio López

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