Lo decía Chesterton, cuando distinguía entre ciudadanía, que era lo importante, e imperio, algo frívolo y pasajero. Y se lo decía a los imperialistas británicos, que eran casi todos los británicos menos Chesterton y los distributistas: "Los imperios son cosas frívolas, sitos en la linde de una cultura expansiva que se ha expansionado demasiado. Las ciudades no desaparecen, o rara vez desaparecen, porque constituyen las células de nuestra formación orgánica".

Y entonces llegaba la cuestión jerosolimitana: "Cinco imperios, por lo menos, han pretendido sucesivamente soberanía sobre el pequeño Jerusalén encaramado sobre una colina, y todos ellos no son ya otra cosa que simples nombres. Egipto y Babilonia y Persia y Macedonia y Roma". Nadie se acuerda ya de esos imperios pero la pequeña Jerusalén "dista mucho de carecer de importancia".

Y Chesterton tenía razón: en el siglo XXI, la paz del mundo se centra en Jerusalén, la cuestión diplomática más importante: más que la guerra Siria, más que el terrorismo con sede en Paquistán, más que el tenebroso y probable triunfo del nacionalismo panteísta hindú en la India, que amenaza con desatar la mayor persecución contra los cristianos de toda a era moderna. Y si algo no cambia, puedo asegurarles que la cristofobia islámica se quedará en aguas de borrajas frente a lo que ocurrirá en India si los chicos de Narendra Modi alcanzan el poder en tan emergente país.

Pero nada, absolutamente nada, resulta tan vital como la ciudad de Jerusalén para la paz mundial. Por dos razones. Porque es una ciudad y porque es Jerusalén. El futuro de la humanidad pasa por esta pequeña ciudad de Oriente Próximo.

Por las mismas, de regreso a Europa, propone Chesterton que la única manera de construir la eterna Europa inacabada, es regresar a sus orígenes cívicos: "Quiero decir que los países no deben expansionarse en los continentes, sino más bien volver a las ciudades. La humanidad puede encontrar en las ciudades lo que puede convertirse en una ciudadanía universal, como ocurría en las ciudades de la antigüedad". En Bruselas harían bien en leerse a Chesterton, antes de que la Europa del IV Reich que pretenden los alemanes fracase. O lo que es peor: antes de que triunfe. 

Eulogio López

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