Ya en 1912 el presidente Theodore Roosevelt aseguró que la "asimilación de los países latino-americanos a los Estados Unidos será larga y dificultosa mientras continúen siendo católicos".

El primer Roosevelt, masoncete como el segundo, don Franklin, y como él, tonti-imperialista engreído, habla de asimilar Iberoamérica a los Estados Unidos, pues era un defensor de la colonización anglosajona y calvinista, no hispana. Es decir, que en lugar de elevar a los indígenas al grado de hijos de Dios se trataba de eliminarlos y sustituirlos por los colonos llegados de Inglaterra.

En la misma línea, medio siglo después, Nelson Rockefeller, el multimillonario progre, más masonazo que masoncete, la familia architípica del Nuevo Orden Mundial (NOM), aconsejaba a Richard Nixon que se fomentaran en Hispanoamérica las iglesias raritas, como el grupo Moon o el Hare Krisna, con tal de reducir la influencia de la Iglesia Católica.

Y todo ello, ¿qué tiene que ver con Hugo Chávez Todo. Chávez (en la imagen) ha sido un revolucionario bananero que ha conducido a Venezuela a la mayor miseria por el bolivarianismo. No hay tirano marxista o islamista a quien no haya apoyado ni terrorista a quien no haya acogido… mientras asfixiaba a su pueblo. Sin embargo, ni el mismísimo Chávez se atrevió a romper con las raíces católicas hispanas. Me daba un poco de grima escucharle decir tonterías con un niño Jesús en la manos, pero nunca cayó, como Evo Morales o Rafael Correa, en las redes del panteísmo revolucionario de la Madre Tierra ni en la cleptomanía kirchneriana. No es broma: son Rafael Correa y Cristina Fernández quien pretenden heredar el liderazgo revolucionario iberoamericano. Heredar de Chávez, por supuesto.

En definitiva, Venezuela, y el conjunto de Iberoamérica, me temo, se debate hoy entre la tendencia hacia un marxismo totalitario -basado en la ignorancia de Chávez- o en el más peligroso Correa, o en ser asimilado hacia el capitalismo financiero norteamericano, de raíz relativista y masónica. Ambos son ajenos al cristianismo, que es la raíz de Hispanoamérica.

Eulogio López

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