En mi mocedad, descubrí que a los curas del postconcilio les encantaba la letra jota. Tanto es así, que entre sus ONG's, se contaban la JAC, JEC, JIC y JOC. Sólo faltaba la JUC. Sin olvidar la HOAC, que eran algo similar a los antiguos sindicatos católicos (una obra realmente bien hecha) sólo que en progre: o sea, degenerados en majadería.

Pero resulta que la HOAC y la JOC han sobrevivido a la caída de la progresía, en especial gracia a los medios de los que les dotó la pérfida jerarquía eclesiástica. Y ahora han lanzado un documento sobre la reforma laboral de la  ministra Báñez, en vísperas de la huelga general de CCOO y UGT. Un texto ebúrneo, más progre que rojo, donde, so pretexto de la defensa de la clase obrera, lo que se pide no son mejores salarios sino mejores subvenciones, públicas, 'of course'. El documento es un poco más progre de lo que reclaman CCOO y UGT, pero sólo un poco.

Con muy buen criterio, el cardenal Rouco ha dicho que esto es una chorrada (el término es mío, no de Rouco). Y es que lo propio de la doctrina social de la Iglesia no es la petición de subvenciones, que suelen favorecer a los más vagos y al espíritu funcionarial (por ejemplo, el de los sindicatos), sino el salario digno por un trabajo digno. Desde la Rerum Novarum hasta aquí, la Iglesia no reclama subsidios, sino una justa retribución por el trabajo, tan justa que no debe ser el mercado quien marque la retribución del obrero, sino la justicia social. Y la justicia social sólo tiene un baremo: el de que el salario sea de la cuantía suficiente como para permitir al obrero alimentar a una familia y proporcionarles una vida digna.

¿Qué es una indemnización? Un subsidio limosnero, al que no se tiene derecho, aunque convenga ejercerlo cuando resulta necesario, pero siempre como algo transitorio. La doctrina social de la Iglesia (DSI) no busca subsidios, busca salarios dignos a cambio de un trabajo, no de la holganza.

Pero aún hay más. Resulta que la doctrina social de la Iglesia, aunque la HOAC y la JOC no se hayan enterado, no consiste sólo en el salario digno. Es más, ya desde el amigo León XIII, y para escándalo de los capitalistas -una cosa es el capitalista y otra el empresario- la Iglesia no quiere proletarios, sino propietarios. Proletarios, ésos que deben recibir un salario digno, sólo se admiten como mal menor y, en la medida de lo posible, transitorio. El ideal de la DSI es un mundo de pequeños propietarios libres, que viven, no ya de su sueldo, sino de los que producen, más dueños de su propio destino que lo que haya sido nunca un asalariado. Más libres, por tanto, más cristianos, porque no se entiende el Magisterio de la Iglesia sin el axioma primero de la verdad y sin el axioma segundo de la libertad.

Si ese Magisterio tuviera que definirse sobre la reforma laboral del PP, según las encíclicas sociales de los Papas, diría lo siguiente: esta bien lo que promulga pero es escaso, porque flexibiliza el empleo pero, a cambio, no sube los salarios mínimos, que en España son verdaderamente mínimos.

Pero miren por dónde, al diario El País no le gusta y a su gran pensador cristiano, Juan Bedoya, pues tampoco. Cita en su auxilio a la Asociación de teólogos Juan XXIII, que ahora ya no se llama así sino que se ha modernizado: su nueva denominación es : Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII".  Conste que me parece mal el cambio porque, por riguroso orden alfabético, que no por caballerosidad –muestra inequívoca de sexismo-, 'teólogas' debe ir por delante de 'teólogos'. Mucho machista es lo que hay entre el mariachi teoprogre.

Pues bien, dicho que a la tal asociación Johnny no le ha gustado la crítica de Rouco, lo cual no deja de resultar una prodigiosa novedad- damos en que la progresía acaba en la subvención, Y esto tampoco es noticia, lo sé, pero ¿qué quieren? Es lo que hay.

Eulogio López
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