Un jefe militar norteamericano afirma que la situación en el país africano está detenida, mientras la OTAN lo niega y habla de situación fluida que busca una solución política a la guerra

 

Desde el comienzo del ataque contra Libia se percibía cierto desorden. La urgencia de atacar antes de que Gadafi recuperara el control sobre el país provocó que no se supiera con claridad quién mandaba la Alianza, ni cuál era el objetivo. Desde entonces, Estados Unidos siempre ha manifestado que quizás no se lograría que Gadafi abandonara el poder, mientras Francia ya se reunía con el Consejo Libio de los rebeldes. Luego llegó el problema del incumplimiento de objetivos por parte de la OTAN -proteger a los civiles-, al matar ellos mismos a civiles -los famosos daños colaterales-.

En esta situación en que no está muy claro el papel de la Alianza y en la que los rebeldes no consiguen avanzar si no es con la ayuda de los bombardeos aliados, Gadafi está logrando poco a poco recuperar terreno -continúan sus ataques sobre Misrata y ha avanzado sobre Ajdabiya-, mientras los altos mandos militares de Estados Unidos muestran su escepticismo sobre la posibilidad de que la revuelta logre derrocar al líder libio. Según ellos, Libia se encuentra actualmente en una situación de estancamiento.

Sin embargo, desde la OTAN -quizás enardecidos por estas palabras que más que nada intentan fustigar a la organización a que asuma una función más activa- han manifestado que hay una situación fluida, que siguen los ataques y que a la vez se está buscando con urgencia una solución política a la guerra, pues "no hay una solución militar exclusiva". Pero en ese campo la OTAN ha perdido el papel más representativo y lo ha ganado Turquía que toma más relevancia ante el mundo musulmán y como intermediario entre Oriente y Occidente. En el fondo, una puerta que intenta abrir para lograr su entrada también en la Unión Europea.

Juan María Piñero

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