• El sector lácteo está vendiendo por debajo de los costes de producción y necesita de ayuda adicional, denuncia la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos.
  • La producción de aceite, por factores climatológicos, ha disminuido un 70%
  • Las ayudas directas al sector agrario han disminuído un 14% y las de desarrollo rural un 11,5%.
  • Hasta junio se llevará a cabo una dura lucha en Bruselas para establecer las líneas de la Política Agraria Comuinitaria, así como la distribución de las subvenciones a la agrícultura. Uno de los países que se verán más beneficiados es Polonia.

Los recortes de los presupuestos comunitarios han repercutido también en el ámbito de la agricultura y ganadería, sectores clave de la economía de nuestro país, en un momento muy difícil, cuando la producción de aceite, por culpa de la sequía y las heladas, ha hecho disminuir la producción en un 70%, y los ganaderos españoles, con el encarecimiento de las materias primas, se encuentran con el agua al cuello, vendiendo por debajo del precio de producción.

Los 373.000 millones de euros de ayudas directas a distribuir en siete años desde la aprobación de los presupuestos han disminuido en un 14% hasta situarse en 277.000 millones de euros. Los fondos de desarrollo rural también han bajado un 11,5%, al pasar de 96.000 millones a 85.000.

David Erice, de UPA, La Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos, cuyo máximo dirigente, Lorenzo Amor, es vicepresidente de COPA, la unión que agrupa en Bruselas a agricultores de toda Europa, presagia que, Polonia, seguida de Rumanía, tendrá un importantísimo aumento en la recepción de fondos.

"Hay que trasvasar fondos de los quince países antiguos a los 12 que han entrado recientemente, así como a Croacia, aunque en su caso la agricultura no es especiamente importante", afirma.

Quedan por delante varios meses de duras negociaciones en las que el ministro de Agricultura, Miguel Ángel Arias Cañete (en la imagen) tendrá que batirse el cobre para lograr las mejores condiciones económicas para España. No va a ser fácil, señala David Erice: "Es la primera vez que se mete la tijera a la agricultura. Las armas que tiene Árias Cañete para negociar cómo se repartirá ese presupuesto son varias: la importancia que tiene el sector agrícola en el país, el hecho de que los agricultores gestionen el 80% de la superficie, la necesidad de mantener el tejido rural y la extraordinaria diversidad agrícola de España, el único lugar de Europa donde están representados el 100% de los productos de la Unión Ruropea".

Los responsables de defender los intereses de los agricultores y ganaderos, en colaboración con el Ministerio de Agricultura, están elaborando listas en negativo de aquellos casos en los que no se deben de recibir prestaciones: "Hay que priorizar… no se puede tolerar que empresas ferroviarias y hasta aeropuertos estén recibiendo ayudas, como supimos hace dos años, antes de que Bruselas decretara que dejaran de ser transparentes". Tampoco es tolerable, añade Erice, "el caso de muchas personas que no se dedican  a la agricultura, y que por el hecho de tener tierras cobran determinadas ayudas, sin llevar, realmente, una actividad en el campo".

Para negociar, España tiene como aliados a los países del arco mediterráneo e Irlanda... y enfrente a los adversarios del norte: "Reino Unido, Holanda, Dinamarca, Suecia. El caso de Reino Unido es especialmente escandaloso. Se trata de un país que va a plantear un referendum en el 2017 y se permite influir en el diseño de la política agrícola común. Es vergonzoso", señala Erice, quien reconoce, sin embargo, que Alemania mantiene una postura neutra, "no en vano, es, con España, el segundo país receptor de ayudas por detrás de Francia. Se ha convertido en el árbitro que suele dirimir las diferencias".

Otra de las reivindicaciones de los productores agricolas es que, a falta de normas generales en la OMC, se dejen de pactar acuerdos bilaterales por parte de los países europeos que utilizan como moneda de cambio la agricultura se inundan de frutas y hortalizas otros lugares de Europa para exportar sus productos. Si no hay más remedio, señala Erice, "que al menos se les exija a estos terceros las mismas normas de calidad que a los países miembros".

Sara Olivo
[email protected]