El hecho de que Santiago Apóstol, patrón de España, sea día laboral –aunque fiesta de precepto en muchas autonomías, por ejemplo, la madrileña- ya da pistas sobre cuál es la atmósfera dominante en España.

Al Señor Santiago, el hijo del trueno, se le adjudica  el apellido de matamoros pero esa sólo es una de las tres ocupaciones del apóstol.

1.En efecto, la reconquista. Si España, bajo las advocaciones de María y del Hijo del Trueno, no le hubiera parado los pies al Islam en el Occidente europeo, ahora vestiríamos chilaba.

2.Hispanoamérica. La aparición de la Virgen María a Santiago a orillas del Ebro fue la advocación bajo la que se llevó a cabo la única colonización no exterminadora que se ha hecho en el mundo, la hispanoamericana, la única colonización católica –junto a la portuguesa- y que, por tanto, respetó a los indígenas, sin masacrarlo y sin crear guetos.

Claro que se cometieron errores y barbaridades, pero los españoles respetamos a los indios; los británicos los aniquilaron y se instalaron en sus tierras. Una colonización que fue también evangelización, que creó una raza mestiza y donde la alianza entre el Trono católico y el altar, bajo el patrocinio de la Virgen del Pilar, patrona de Hispanoamérica, evitó, por ejemplo, el genocidio inglés en Estados Unidos. Por eso existe la raza hispana, no existe la raza angloamericana.

3.Santiago es el patrón de Europa, hecho a medida de la peregrinación jacobea. No se entiende Europa sin la ruta jacobea. Es la columna filosófica de una Europa que lógicamente tiende a ser una, porque tiene un mismo origen. Desde Santiago de Compostela gritó el Papa Juan Pablo II: "Europa, sé tú misma. Recupera tus raíces cristianas".

Tres razones para rendir homenaje a Santiago. No pasaría nada porque volviera a hacerlo el Rey, no el Príncipe, en la catedral de Santiago.

Si puede viajar a Marruecos puede hacerlo a Santiago. Lo digo porque el responsable de imagen de la Casa Real, el periodista Javier Ayuso, está empeñado en que la nueva monarquía española, es decir, SAR Felipe de Borbón y su esposa, doña Letizia Ortiz, vendan una monarquía progre, relativista y panteísta que nada tiene que ver con el apóstol Santiago.

Eulogio López

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