Quería el abajo firmante visitar la catedral de Tarragona (en la imagen), no como turista, que ya lo ha hecho en otras ocasiones, sino como cristiano. Uno y otro día me encontraba con las puertas cerradas, pero con una garita, en pleno frontis catedralicio, donde vendían las entradas para turistas. Al quinto día, ligeramente mosqueado, me acerqué al cobrador y le pregunté cuándo podría entrar para visitar al Santísimo. Repuesta "A las nueve y media de la mañana".

¡Albricias y pan de Madagascar! Todavía se puede rezar en la catedral de Tarragona. A las nueve y media de la mañana, mientras se oficia misa (la misa es gratis, por el momento).

Por cierto, que el vende tickets no estaba muy informado porque la misa de 9,30 ha sido suspendida durante el mes de agosto.

Empiezo a estar un poco harto de catedrales convertidas en museos para turistas, previo pago de entrada. Las catedrales y otra basílicas católicas -es decir, aquellas que poseen interés turístico y artístico, fueron hasta hace pocos años, el centro de la vida cristiana de una ciudad. Donde se celebraban más actos de culto, con un más generoso horario de apertura.

A media que la Iglesia fue despojada de sus bienes por los políticos, necesitó la ayuda del Estado para mantener edificios de costosa restauración y adaptación, pero el culto siguió siendo el principal cometido de una catedral o una basílica, no el turismo. Pues bien, ahora prima, no sólo en Tarragona sino en otras muchas capitales españolas, el turista, mientras el culto, incluida la visita al Santísimo, queda reducido, en ocasiones, a la única eucaristía -dos a lo sumo- que se celebran en las catedrales.

Nuestros ancestros, creo, no las construyeron para el turismo.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com