La canciller alemana, Angela Merkel, ha logrado cuadrar el círculo. En Bruselas, en una misma sesión, ha asegurado que hay que hacerle una quita a la deuda griega -es decir, que perderán los suscriptores de deuda, especialmente bancos y fondos- al tiempo que solicita la recapitalización con fondos públicos de los bancos en quiebra.

Eso demuestra que la clase política sólo responde al principio de que "a la fuerza ahorcan" o, si lo prefieren, "a la fuerza se introducen las buenas ideas".

En efecto, no hay que ayudar a Grecia a suicidarse: los inversores deben cobrar menos de lo previsto. Ahora bien, lo mismo debe aplicarse a los bancos: si un banco entra en crisis, lo único que debe hacer el Gobierno es asegurar los depósitos de sus clientes, no los de sus inversores. Es lo mismo.

Sin embargo, parece que Merkel sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando llueve, o sea, cuando no le queda otro remedio.

Eulogio López

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