El problema del secretario de Estado Vaticano, Tarsicio Bertone es que tiene cara de conspirador. No lo es, pero lo parece, y entonces estás perdido.

Me han gustado sus últimas declaraciones. En especial cuando, con coraje cristiano, Bertone nombra al innombrable: "el diablo está detrás de 'Vatileaks'". Y también esa otra alusión al hecho de que algunos medios informativos están empeñados en revivir el Código da Vinci, el vendidísimo del ilustre majadero de Dan Brown.

Porque Bertone no sólo está mal visto por los enemigos de la Iglesia sino por ese grupo de amigos, a los que llamaremos vaticanólogos, cristianos confesos, dedicados al noble deporte de se jugar a ser Papa y otorgar notas a los obispos según su chata visión del Cuerpo Místico. Visión que consiste, mayormente, en que los juzgados apoyen o desaprueben sus intereses de campanario: desde la unidad de España, la revolución de los pobres o la prohibición de los toros.

Es valiente Bertone y la valentía es más que una virtud: constituye todas las virtudes en su punto de prueba. Nos viene bien a quien hemos definido el actual discurso dominante como Nuevo Orden Mundial (NOM). Por ejemplo el abajo firmante cada vez que habla del NOM surge alguien que me pregunta quién dirige el NOM. Pues mire usted, como ya no vivimos en la sociedad de las conspiraciones sino en la sociedad de los consensos, no hay una camarilla dirigente, simplemente el NOM tiene un líder, el líder de siempre: Satán. Y su enemigo no es otro que la Iglesia de Cristo.

Así que felicito a Bertone por su valentía. Fíjense, si no, cuán pocos curas se atreven a hablar de Satán desde el púlpito.

Eulogio López

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