• La ONG, abiertamente abortista, denuncia el aumento de los riesgos en nuestro país, mayores que en Europa.
  • Pero su principal argumento es la reducción de los presupuestos públicos para la infancia (un 14,6% desde 2010).
  • ¿Que olvida en su radiografía de la culpabilidad: la importancia de tener trabajo, sueldos dignos o un salario maternal.
  • Y calla también sus recetas habituales en otras latitudes: anticonceptivos, esterilizaciones, procesos de infecundidad y abortos.
  • Eso sí: urge a un pacto de Estado sobre la infancia porque hay 2,3 millones de niños (el 27%) bajo el umbral de la pobreza.

Coincidiendo con los datos demográficos dados a conocer hoy por el INE, UNICEF ha publicado los suyos sobre la pobreza infantil en nuestro país. Están contenidos en el estudio "La infancia en España 2014", que acierta en el retrato de situación, pero falla en el diagnóstico para el remedio, nada sorprendente en una ONG dependiente de Naciones Unidas manchada hasta los tuétanos de las consignas del anticristiano Nuevo Orden Mundial (empeñado en sembrar la cultura de la muerte a escala planetaria).

Los datos son alarmantes (se ha eco de ellos con más acierto Cáritas). Dice UNICEF que el riesgo de pobreza infantil en los hogares con niños ha crecido desde los 3,2 puntos porcentuales, en 2004, a los 11,5 puntos en 2013. Añade que ese riesgo es especialmente grave en las familias en las que todos adultos están en paro, casos que se han multiplicado por 190% desde 2007 (de 325.000 a 943.000 hogares). Explica que la pobreza infantil afecta ya al 26,7% de los menores de 16 años, 6,3 puntos más que para el resto de la población.

Hay más datos, pero el mensaje que manda a continuación UNICEF es que el problema tiene un gran culpable: la reducción de la inversión pública en la infancia (estamos en los niveles de hace siete años) y el ajuste presupuestario (-6,8%) en la políticas públicas (de 40.139 millones en 2007 a 37.396 millones en 2013), y un 14,6% desde 2010.

Pues bien, es precisamente esa radiografía de la culpabilidad la que se estrella con la realidad. Veamos. La inversión pública (comedores sociales, educación, gasto social) puede ser más o menos importante, pero lo decisivo es que los padres tengan trabajo, que cobren sueldos dignos con los que poder mantener a sus hijos y que las madres se vean apoyadas por un salario maternal como ocurre en muchos países de Europa. Pero sobre todo eso, UNICEF calla. Y sin aportar ninguna idea en ese sentido, tiene menos sentido que ponga en tela de juicio el 1,4% del PIB que el Estado destina a políticas de protección social, cuando la media de los 28 países de la UE es del 2,2% o que diga que estamos peor que Irlanda. Eso es cierto también, pero es mucho comparar sin tener delante todos los elementos de una comparación razonable.

Y tiene su guasa también que la ONG de la ONU alerte de las consecuencias directas de la "malnutrición" o la "escasa calidad de la alimentación" de los menores o el riesgo, a medio plazo, de la reducción de la tasa de natalidad y el envejecimiento de la población. Caramba, si es justo lo contrario que pregona en otros puntos del Planeta y especialmente en el Tercer Mundo. Es ahí donde más claras se ven sus intenciones y siempre con las mismas recetas: anticonceptivos, procesos forzados de esterilización, abortivos y abortos. Muy en la línea del NOM: matar a los pobres antes de que nazcan y someter a la infecundidad a las mujeres. La idea, si lo prefieren, es que para acabar con la hambruna hay que acabar con los hambrientos o para acabar con la pobreza, el caminos más rápido es acabar con los pobres. Ese el imperialismo del siglo XXI. Claro, no es extraño que el Vaticano rompiera con UNICEF y se negara a seguir financiándola.

Y por todo ello sorprende que UNICEF proponga en España un pacto de Estado por la infancia para que de los hogares con niños no tengan que soportan tasas de pobreza claramente superiores a la media y a los tipos de hogares en los que no hay niños.

Mariano Tomás

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