• Nuevo paso hacia el desastre: el juez Ruz imputa a los cuatro consejeros más importantes: Fernández Sousa, Paz Andrade, Pérez Nievas y Alfonso Barreras.
  • Se les acusa de falsear las cuentas y de uso de información confidencial.
  • Pero Sousa sigue yendo a su despacho y Deloitte se las ve en figurillas para entender la empresa.
  • Por de pronto, no encuentran a un gestor para dirigir la compañía durante la transición.
  • Y los bancos enfrentados: Caixabank y Sabadell, que ya han renunciado a la opción Carceller, prefieren la venta por trozos, mientras NCG Banco y Popular optan por capitalizar deuda y luego venderla entera.

Cada vez está más claro lo que le ha ocurrido a José Manuel Fernández Sousa (en la imagen). No vio el cambio de ciclo que se producía y siguió endeudándose para comprar empresas y convertirse en el primer operador del mundo. Así, se endeudó en demasía y cuando se vio entre la espada y la pared, comenzó, presuntamente, a hacer lo que no debía: principalmente ocultar pérdidas. Presuntamente.

Esa es una carrera de corto recorrido y cuando estalla el tomate porque no puede refinanciar, utilizó su muy confidencial información para vender sus acciones en las horas previas al concurso de acreedores.

Al menos eso es lo que piensa el juez Pablo Ruz, quien le acusa de falsedad contable y de utilizar información relevante en su provecho. A José Manuel Fernández Sousa (en la imagen) y a otros tres socios: Alfonso Paz Andrade -hijo del cofundador de Pescanova, antiguo Ceo de Pescanova, hasta que riñó con Sousa, el ex alto cargo de la empresa pública con Felipe González (Ceselsa-INDRA), José Antonio Pérez-Nievas y José Alberto Barreras, antiguo propietario de Astilleros Barreras, en Vigo.

Un paso más en la tragedia. Horas antes de entrar en vía judicial, Fernández Sousa seguía defendiendo, en la SER, que la deuda no era de 3.000 millones de euros y que Pescanova tenía un valor patrimonial neto positivo, lo cual puede ser cierto pero no quita gravedad a lo que está ocurriendo. Sousa aseguraba que iba a intentar que Pescanova no se troceara. Un objetivo muy loable, pero en teoría él ya debía haber abandonado todas sus responsabilidades en la firma. Pero no: continúa acudiendo al despacho y poniéndoselo difícil al perito, es decir, a la firma Deloitte.

Un directivo de Pescanova explicaba así la situación a Hispanidad: "Puede llegar un barco con el 80% de carga, asegurarle a Deloitte que lleva el 50% y quedarse con el resto".

Además, Deloitte se enfrenta a dos misterios: Cuál es la deuda real y cuál es la cuenta de resultados real.

Y ahora lo importante: ¿qué va a pasar con Pescanova, firma mundial líder en algunos sectores del congelado y una compañía con 10.000 trabajadores, 1.000 de ellos, más el corazón del negocio y el 'know-how' en Galicia

Pues ya hay un doble frente: la Xunta de Galicia, que se ha negado a aportar dinero hasta que no se aclare la situación, así como los bancos NCG Banco y Popular, quieren seguir en el concurso de acreedores, capitalizar la deuda y luego vender. Otros, como Sabadell y Caixabank, así como otros bancos extranjeros prefieren desguazar y vender activos por trozos. Sería el fin de Pescanova, pero para un banco no deja de suponer quitarse el muerto de encima.

Eso sí, Caixabank y Sabadell ya no apuestan por Demetrio Carceller porque ni el propio Carceller está dispuesto a quedarse con una empresa cuyo interior desconoce.

Como le dijo Sousa a un juez local: mejor que no me echen de la compañía porque el único que la conoce soy yo. Y esa es la tragedia Pescanova: que la actuación de una serie de administradores pueda destrozar al conjunto de la empresa y que, de paso, Galicia y España pierdan una locomotora económica puntera. Tal y como ha sucedido tantas veces.

Eulogio López

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