El lobby gay no es un grupo en defensa de derechos que no son derechos sino repartidor de cadenas autoimpuestas. Además, el lobby gay se ha convertido en una mafia agresiva radicalmente intolerante y sectaria. Y aquí están las pruebas. Cómo no, a cargo del argentino Juan Claudio Sanahuja, el mejor analista que existe en el planeta sobre el Nuevo Orden Mundial (NOM), director de Noticias Globales.

Relata Sanahuja el aquelarre londinense en el que los grandes bancos de inversión mundiales, así como corporaciones financierizadas (por ejemplo, las grandes petroleras) y fondos de inversión, rindieron pleitesía a la sodomía. No se pierdan el artículo ni los artículos relacionados que lo acompañan. La inquisición gay está empeñada en hacernos monfloritos a la fuerza. Y no olviden que una vez impuesta la homosexualidad vendrá la pederastia, que no es sino una consecuencia de aquella, según el recorrido habitual: homosexualidad, pedofilia, incesto.

Pero vamos al trasfondo de la cuestión: todos los lobbies NOM, como el 'Out on the Street' presentan las mismas notas distintivas: anticristianos, victimistas y liberticidas. Reconozco que nos cuesta entenderlo, precisamente, porque seguimos interpretando la historia como una conspiración, cuando lo cierto es que la modernidad, y en especial la sociedad de la información, hace que ya no nos movamos en la era de las conspiraciones, sino en la de los consensos que, creo yo, es muchísimo peor por más engañosa.

De la conspiración al consenso en tres etapas: consenso, normativa, institución. Consenso es el siguiente: la homosexualidad es una opción sexual más. Si hace 40 años, no más, le hubieras dicho a alguien que tomar por el ano era la segunda opción sexual te hubiera llamado chiflado. Y eso aunque el susodicho fuera ateo. Sin embargo, a partir del año 2.000 el consenso, lo políticamente correcto, consigue imponerlo.

El segundo paso consiste en convertir la consensuada reivindicación en norma, en ley. Ley de no discriminación de la 'porculirización'. Por ejemplo, elevar dicha 'porculirización' al nivel de matrimonio.

En tercer lugar, la norma se convierte en institución, coercitiva, claro. Por ejemplo, pobre de ti si te atreves a escribir un artículo como el que está usted leyendo: usted es un homófobo y debe ser castigado. En un primer momento, con pena de reprobación e injurias varias, pero en una segunda etapa con pena de multa y cárcel, o ambas cosas la vez.

Lo cual es absurdo porque en la civilización del consenso debería bastar la reprobación social y en la sociedad de la información debería bastar con la reclusión al silencio. Pero no, el Nuevo Orden Mundial (NOM), esto es, quienes dirigen el consenso, no se conforman con convencer: quieren vencer, humillar, aplastar y, si es posible, eliminar al adversario. Por ejemplo el lobby gay.

Pobres zerolos, ellos que sólo buscaban la libertad, que sólo se defendían del feroz enemigo que les acusaba. ¡Pobres víctimas convertidas en crueles verdugos! ¡Pero qué cara más dura tenéis, sodomitas míos!

Eulogio López

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