José Lladó, muy digno él, anunciaba la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Artes al austriaco Michael Haneke (en la imagen), autor de La cinta blanca, por su "extrema sutileza" a la hora de abordar los problemas que nos aquejan, como el amor.

Haneke se ha hecho famoso por su película Amor -Oscar a la mejor película extranjera-, cuya sutileza, como recordara, nuestra crítica de cine, Juana Samanes, consistía en que un esposo anciano, lleno de amor por su esposa senil, decide asfixiarla con la almohada. Ya saben, para que no sufra.

Los Premios que llevan el nombre del heredero a la corona de España siguen en su línea. Lo lidera el vicepresidente del Santander, Matías Rodríguez Inciarte -te estás luciendo, Matías-, y en cuyos tribunales figuran algunos de los más conspicuos voceras de la derecha pagana y un pelín hortera. Sus premiados, con las excepciones que se quieran, que las hay, entronizan todos los tópicos del Nuevo Orden Mundial (NOM): antinatalismo, homosexualismo, relativismo, sincretismo, eutanasia, etc., etc.

Los de mi pueblo, Asturias, siempre a la cabeza. No sabemos a la cabeza de qué, pero siempre en vanguardia.

Eulogio López

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