• El PP se despeña con una reforma antiliberal: más carga fiscal y menos subvenciones públicas.
  • En total, el Gobierno impone que las empresas energéticas tendrán que pagar 2.700 millones de euros más cada año.
  • Nada menos que siete nuevos impuestos para gravar la energía.
  • No es una norma de Industria sino de Hacienda. No se entra en el mix de energía ni en la formación de precios.
  • El Gobierno ha ido a lo fácil, medidas fiscales... lo que significa que subirá el precio de la luz.

Por fin, y tras la trifulca entre Hacienda e Industria, entre Cristóbal Montoro y José Manuel Soria (en la imagen), el Consejo de Ministros ha aprobado este viernes la reforma energética del PP, es decir, la reforma perpetuamente aplazada.

Ya el nombre lo dice todo: anteproyecto de ley de medidas fiscales para el mantenimiento del sector eléctrico. Así la ha bautizado el titular de Industria, José Manuel Soria. Es decir, no estamos ante una reforma energética sino ante una reforma fiscal. En definitiva, o reducir subvenciones, sobre todo a la carísima energía verde, o aumentar impuestos. Pues bien, el Gobierno ha optado por este último.

Es más, ni tan siquiera se elabora un mix de producción energética: sólo nuevas tasas, impuestos para todos. Un poco menos lesiva que el borrador filtrado en junio pero en la misma línea: reforma confiscatoria contra las empresas que, naturalmente, acabarán pagando los consumidores. Todo muy liberal.

Y más: tampoco se renueva el sistema de fijación de precios. Soria insiste en que el Gobierno puede provocar pocos cambios con la utilización de los peajes como instrumento. El precio de la luz se fija a la subasta. Mira qué listo, pero es que la subasta también está condicionada por la prelación en la entrada de energías en el sistema: hidroeléctrica, nuclear, renovables y térmicas.

Y esto significa algo muy sencillo, conclusión final del entramado: que subirá la tarifa de la luz. Así también acabó yo con el déficit de tarifa, no te fastidia.

Vamos con los pormenores. Soria recuerda que el déficit de tarifa supera los 24.000 millones de euros. El culpable de ese déficit son las subvenciones a la energía verde, especialmente las dos solares, la fotovoltaica y la termosolar. Pues bien, esas ni se tocan donde había que tocarlas: reduciendo las subvenciones -o primas- públicas que reciben, porque son carísimas e ineficientes. De hecho, lo único que se toca es, en parte, la termosolar (en el 15% que utiliza gas). La Triple A, Abengoa, ACS y Acciona, deben estar contentos.

A cambio, se fríe a impuestos a todo el mundo, a todos los productores. De entrada, dos impuestos sobre la energía nuclear: el que grava la generación y el que grava el almacenamiento. El primero será de 2.190 euros por cada kilo de metal 'pesado producido'. La previsión de ingresos para tres años es de 270 millones de euros por año.

Segundo impuesto nuclear: el de residuos: no hay ingresos adicionales: lo cobran ya la CCAA. Sólo se unifica.

Canon para hidroelectricidad: por utilización de aguas, que le dicen. Canon recaudado por las cuencas y que supondrá unos ingresos de 304 millones de euros por año.

Más tasas. Céntimos verde sobre el gas y energías contaminantes. Recaudación: 804 millones de euros.

Impuestos por la utilización térmica del carbón: ingresos anuales previstos de 268 millones anuales.

Fuel oil y Gasóleo para producir electricidad: 38 millones de euros anuales.

Venta de derechos de emisión: 450 millones de euros.

Impuesto sobre la venta de energía eléctrica, impuesto tipo IVA, que grava a toda la producción de cualquier tipo de energía: 6%. Ingresos previstos de este impuesto en las energías de régimen ordinario: 571 millones de euros anuales.

Impacto del 6% sobre las renovables (régimen especial): biomasa, eólica, solar hidráulica. Esto representa unos ingresos de 688 millones de euros.

Total, más menos, 2.700 millones de ingresos lo que, por cierto, no alcanza a cubrir las subvenciones a las energías renovables, verdadera raíz del problema.

Más impuestos, casi las mismas subvenciones y, al final, pagará el contribuyente.

Miriam Prat

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