• La popularidad del presidente de EEUU ya había bajado a finales de mayo tras el espionaje a periodistas y el acoso fiscal al Tea party.
  • El caso puede agriar las relaciones con Europa: la comisaria europea de Justicia pide explicaciones.
  • Aunque los británicos ya se han desmarcado de Europa y apoyado a EEUU: la pela es la pela.
Lo último sobre el último escándalo de la Administración Obama es que el director general de la Agencia Nacional de Seguridad de EEUU (NSA), Keith Alexander, dijo que los programas de vigilancia que han sido desvelados, basados en registros de llamadas y datos de usuarios de internet, evitaron "docenas y docenas" de potenciales ataques terroristas. Alexander insistió en que los equipos de inteligencia estadounidenses "están haciendo exactamente lo correcto" para proteger a los ciudadanos de la posibles amenazas a su seguridad.

Sin embargo, las escuchas telefónicas y espionaje en la red pueden deteriorar la relación entre EEUU y Europa. Sin ir más lejos, la comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, envió una carta al fiscal general estadounidense, Eric Holder, para pedir explicaciones sobre el espionaje, y le advirtió de que el asunto puede afectar gravemente a las relaciones entre la Unión y EEUU, en plenas negociaciones por el Tratado de Libre Comercio.

Sin embargo, los británicos, como siempre, se desmarcaron del resto de Europa. El secretario de Estado de EEUU, John Kerry y el ministro de Exteriores británico, William Hague, defendieron los programas de ciberespionaje secretos revelados por la prensa, porque actúan, según dijeron, dentro del marco legal. Kerry indicó que estos programas han sido "aprobados por el Congreso y votados varias veces". Por su parte, Hague defendió la cooperación bilateral del Reino y Unido y EEUU. Y es que, para los británicos, la pela es la pela, y su alianza con EEUU les reporta muchos beneficios.

Por otro lado, el exempleado de la CIA que filtró el espionaje de las comunicaciones del Gobierno de EEUU, Edward Snowden, acusó ayer a Washington de estar tratando de intimidar al Gobierno de Hong Kong para que lo extradite, al tiempo que se mostró convencido de que la Administración estadounidense va a hacer "cualquier cosa" para impedir que informaciones sensibles vean la luz.

Y mientras, los últimos datos sobre la popularidad de Obama (en la imagen) -de finales del mes de mayo- evidenciaban una bajada considerable. En ese momento, un 45 por ciento de la población apoyaba la gestión del presidente, mientras que un 49 por ciento la rechazaba. Había salido a la luz el espionaje a periodistas, así como el acoso fiscal a entidades ligadas al Tea Party. Con este último escándalo, la popularidad de Obama puede haber bajado todavía más.

Porque a nadie le hace gracia que le espíen y atenten contra su privacidad, aunque sea con la excusa de la seguridad nacional.

No obstante, el debate privacidad-seguridad queda abierto...

José Ángel Gutiérrez
[email protected]