Es curioso: para la patronal agraria Asaja y para los sindicatos del campo, los 125 millones de euros en subvenciones para cubrir las pérdidas de las no-exportaciones de frutas y hortalizas a Rusia son poco. Y claro que son poco. No cubren las pérdidas del campo español.

Pero al mismo tiempo, resulta que esos 125 millones no son más que subvenciones de la Política Agraria Común (PAC), es decir, del elemento más nefasto para el Tercer Mundo. En Europa estamos pagando -porque somos ricos, cosa que el Tercer Mundo no puede permitirse con sus agricultores- subvenciones no por producir, sino por no producir, o por desechar lo producido. No lo duden: la PAC es una inmoralidad.

 

Recuerdo que en mis charlas con Pedro Barato, presidente de Asaja (en la imagen) siempre me contestaba lo mismo: "En mi explotación agraria, durante los diez primeros años tras la entrada de España en la Unión Europea, cayó bruscamente la producción pero se mantuvieron los ingresos". Eso lo explica todo.

La paz, al igual que las 'Farm Act' norteamericanas -que es lo mismo- son una inmoralidad para con las agro de los países pobres. Nuestros agricultores se han acostumbrado a vivir de las subvenciones y ahora nadie quiere cambiarlas. Pues alguien deberá hacerlo o seguirá cundiendo el hambre en el mundo pobre.

Es un insulto al creador despreciar los alimentos de los que carece una buena parte de la humanidad

Es cierto, sí, el otro argumento de Pedro Barato: si el Tercer Mundo puede vender más barato es porque el nivel de sus agricultores es mínimo. De acuerdo, la globalización exige la tendencia a homologar las rentas de quienes producen un mismo producto. Pero ese argumento ratifica la pobreza en el Tercer Mundo.

Las subvenciones públicas son la raíz de todas las injusticias económicas. Por eso, los 125 millones de euros en subvenciones son una escasa cantidad para cubrir las pérdidas del bloqueo ruso, pero es demasiado porque son subvenciones. Como mal menor, subvenciones para producir, no para dejar de producir. Es un insulto al creador despreciar los alimentos de los que carece una buena parte de la humanidad.

Eulogio López

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