Cada vez somos más -¿he dicho somos- los convencidos de que la Parusía ya no sólo es un artículo de fe, presente en el Credo, sino lo que un ejecutivo llamaría Plan estratégico, algo que mira hacia el futuro cercano. Por tanto, resulta gratificante comprobar que gente bastante más documentada que el abajofirmante, también adopta el mismo Plan estratégico.

Hablo del catedrático Juan Carlos Polavieja (en la imagen) quien ha escrito un artículo en Religión en Libertad, bajo el titulo de Ocupémonos del ladrón. Merece la pena leerlo.

Porque Polavieja aborda las dos cuestiones claves cuando hablamos del fin del mundo, de la gran tribulación o como quieran ustedes llamarlo. Por una parte, una incredulidad muy poco científica: la de quienes simplemente se niegan a plantearse la cuestión porque eso es cosa de iluminados.

Y claro, el autor recuerda que cuando uno se niega tan siquiera a informarse mínimamente sobre los signos de los tiempos, al menos en materia del fin de la historia, se le puede achacar algo no poco grave: que está negando, no sólo el Credo, sino el Evangelio. Es decir, que se sitúa fuera del canon cristiano. Lo irracional es negar el fin del mundo por principio, pues es lo mismo que negar la redención, es decir, la encarnación del Verbo.

Otra cosa es el morbo del cuándo, del que no sabemos ni el día ni la hora, ni tan siquiera lo sabe el hijo, sino sólo el padre, concluye el evangelio con ironía.

El Evangelio es el texto más jocundo que conozco, como no podía ser de otra forma cuando es el Hijo de Dios quien habla a la torpe inteligencia del hombre. Pero tampoco hay que apagar, recuerda Polavieja, la voz del espíritu, porque en ninguna época como durante el último siglo, desde Fátima hasta aquí, se habían dando tanto mariofonías, tantas revelaciones privadas anunciando que el Nuevo Mundo -que no la Nueva Era- se aproxima y que al tiempo de la misericordia le llega el tiempo de la justicia.

Pero lean a Polavieja, lo explica mejor que yo.

Eulogio López

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