La celebrada el miércoles por los miembros de la Unión Europea. No se preocupen: dentro de un mes habrá otra cumbre del siglo pero por el momento tenemos que vender ésta.

Lo mejor es lo más indefinido. Es decir, nos hablan de una quita a la deuda griega del 50%. Es decir que como don Mercado Financiero lleva extorsionando a los griegos durante dos años exigiéndoles unas rentabilidades que no pueden pagar, en lugar de rescatarles (rescatar a los especuladores en deuda griega, que no a los griegos) la Unión Europea ha decidido que los dichos especuladores se fastidian y sólo reciban la mitad de lo que les debe. O así, que dijo un vasco. Lo que no deja de resultar muy positivo, porque la víscera más sensible de un especulador es el bolsillo.

No se inquieten: no pasarán apuros a fin de mes: ya han ganado mucho con la deuda helena y ahora les toca perder. Es decir, que la Unión Europea sigue el camino que debió tomar tiempo atrás porque la única solución para salir de una crisis de especulación es dejar de pagar al especulador. Es decir, la quiebra, o la quita, o la suspensión de pagos, si lo prefieren, jamás el rescate.

Eso sí, doña Ángela Merkel y don Nicolás Sarkozy deberían dejar de lanzar inmundicias sobre la imagen de la deuda española. En materia de deuda si alguien dice que un país va mal, no lo duden: el país irá mal. Hablar de una quita o de una devaluación de la deuda española, es un insulto virtual, se puede volver muy real en las próximas subastas de títulos del Reino de España.

Luego viene lo de la recapitalización de los bancos. Y la receta es la misma: el banco que se haya pillado los dedos que quiebre. El Estado asegura el dinero de los depositantes -que no de los inversores- y a otra cosa.

Europa ha decidido la quita griega porque a la fuerza ahorcan, pero es una buena decisión. No lo es capitalizar bancos, porque a las entidades hay que tratarles como a la deuda soberana: si está quebrada que quiebre. Además, en el caso actual hay que aclarar una cosa: el germen patógeno, que es la actual crisis, no está en los bancos, sino en los gobiernos. Si los bancos europeos tienen deuda es porque los Estados, y Basilea, y todo el mundo, les obligan a comprar deudas porque es la inversión que menos recursos propios consume. Para eso, los políticos demuestran mucha caradura al obligar a las entidades a provisionar la deuda según el valor de mercado porque los bancos -motu proprio- no habrían invertido en deuda soberana. Ahora, los políticos obligan a los banqueros a obtener más capital... para seguir financiando su burbuja de deuda. Y todavía hay que oír a nuestros representantes hablar de que la solución a los problemas de Europa es más política y menos mercados. Mucho rostro pétreo es lo que hay por estos lares.

En el caso español, además, las obligaciones a la banca son impresentables. España es de los pocos países que, con permiso del desastre de la reforma financiera de la señora Salgado y el señor MAFO, no ha tenido que recurrir al dinero público para salvar sus bancos, lo que no puede decir nadie en Europa y menos en Estados Unidos. Y ahora resulta que tenemos que capitalizarnos. Pues no señor, lo lógico sería no medir la solvencia de un banco por su capital -eso es un banco grande no un buen banco- sino por su morosidad. Y si alguno tuviera una morosidad desorbitada, pues que quiebre.

Esto es lo malo de no tener un Gobierno capaz. Ahora lo que tenemos es un Gobierno títere que hace lo que le dice Ángela Merkel. El problema estriba en que ella no piensa como europea, sino como alemana.

En resumen, el causante de la actual crisis es, en Norteamérica, la especulación privada; en Europa, la especulación pública. Hay que pararle los pies a unos allí y a otros aquí. En el entretanto, la Cumbre de todas las cumbres.

Eulogio López

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