Ese grandísimo demagogo que es Barack Obama (en la imagen), fiel discípulo de nuestro Rodríguez Zapatero, asegura que va a abordar el uso de armas en Estados Unidos.

"Ninguna ley puede erradicar la violencia -determina el presidente- pero hay que actuar. Ronald Regan aseguraba que las palabras más temidas eran aquellas de "soy del Gobierno y vengo para ayudar". En mi opinión hay otras más temibles: "soy del Gobierno y hay que hacer algo".

Comprendo que la matanza de Newtown ha conmocionado a un país pero lo mejor es que los presidentes no legislan a la carta, a la carta de las emociones a flor de piel.

Dicho esto, nunca he sabido que responder acerca del más o menos libre uso de armas de fuego en Estados Unidos. No me gustan las armas de fuego, prefiero las armas blancas, donde uno debe acercarse al enemigo para controlarlo. Las armas blancas son más nobles que pistolas y fusiles. Si no lo creen lean el Señor de los Anillos. Ahora bien, los norteamericanos aseguran que un hombre más débil físicamente, o una mujer, tiene derecho a defenderse de otro más fuerte.

Sinceramente, no me gusta el argumento pero supongo que tengo que aceptarlo parcialmente... pero, si tengo que elegir arma para la defensa prefiero el arma blanca a la pistola, y antes las manos que arma blanca, y antes la palabra que las manos. Esta última es la que exige mayor valentía.

Pero eso no tiene nada que ver con la opinión de nuestro progresista presidente Obama. Como todos los poderosos del mundo, Obama financia, utiliza y comercia con las personas armas de la tierra, todo aquello -por ejemplo, un misil- que se dispara por medios electrónicos, a muchos kilómetros de distancia, sin ver la cara de tu víctima y con una eficacia mortífera, y sobrecogedora. Estados Unidos es un gran fabricante de armas que vende a todo tipo de países y a todo tipo de grupos. Es, además, la mayor potencia en esa guerra a distancia, tan cobarde y tan aniquiladora.

Por lo demás, reconozco que no tengo respuesta a la pregunta de si es mejor el sistema americano que el europeo.

Eulogio López

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