Cuando matan a uno de los suyos en Irak o Afganistán, los mandos norteamericanos persiguen a los asesinos.

Sus mandos militares no están sometidos a la vigilancia de Washington y tampoco lo interpretan como una venganza: sencillamente, responden a una agresión.

Los españoles, sin embargo, tienen que pedir permiso para atacar y, a veces, para defenderse. Cuando reaccionan, sus enemigos ya están lejos a buen recaudo. En definitiva, que es más fácil matar a un español que a un norteamericano. Los fanáticos islámicos toman buena nota de este tipo de cosas.

Y esa enorme frívola que es la ministra de Defensa, Carme Chacón, ha viajado a la base española, acompañada de ese enorme frívolo que es el jefe del Alto Estado Mayor, José Julio Rodríguez, para repatriar el cadáver y les ha dicho a sus compañeros algo que sin duda habrá preocupado muchísimo a los talibanes: "Quienes mataron al sargento Moya Espejo no entienden de derechos ni de libertades". Gracias, señora ministra, es todo un consuelo.

A lo mejor por eso, no lo sé, pero es presumible, la familia del cabo Joaquín Moya Espejo, asesinado por un talibán -¡a 600 metros de distancia!- ha decidido enterrar a Moya en la más estricta intimidad.

Por cierto, que ni la muy laica ministra ni el muy laico general Rodríguez han conseguido evitar que los compañeros del sargento caído en combate le cantasen el "Tú nos dijiste que la muerte". A lo mejor no se ha dado cuenta, doña Carme, pero se trata de una oración cantada.

Porque la gestión de la ministra Chacón en Defensa se corresponde con el pacifismo cobardón de ZP, pero hay que reconocer que ha sido muy eficiente a la hora de terminar con cualquier manifestación religiosa en el Ejército.

Eulogio López

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