Los poderosos del mundo han competido en Río por ver quién era más verde, como el chiste del vasco que quería ser más vasco: se quitó todo el cerebro y acabó en catalán.

Por ejemplo, nuestro bobalicón Mariano Rajoy ha asegurado que el desarrollo sostenible es el único camino. Muy cierto, si fuera insostenible no supondría camino alguno. Me encanta ese amor por las tautologías de nuestros queridos políticos.

Ahora bien, dos pequeñas cuestiones: todos estamos de acuerdo en que debemos preservar el planeta pero, ¿a qué precio? No se debe caer en el pan para hoy y hambre para mañana pero tampoco en el pan para mañana a costa del hambre de hoy. Con la energía tenemos un buen ejemplo: las renovables son caras, carísimas, pero la energía debe ser ante todo, posible -asegurar el suministro-, luego barata, para que todos puedan acceder ella y, finalmente, sostenible en el tiempo. Porque sin energía, y sin energía barata, habrá hambre y subdesarrollo.

Pero el asunto va más allá. Como denuncia, y lo hace mejor que nadie, Noticias Globales, cuando el Nuevo Orden Mundial (NOM) habla de medio ambiente está hablando de abortos: su única solución consiste en reducir el hambre reduciendo el número de hambrientos, es decir, con aborto.

El segundo vector de la estafa de Río es, cómo no, el feminismo, esto es, la ideología de género. Las mejores brujas del aquelarre brasileño, Michelle Bachelet o Gro Harlem Brundtland, ya ni se preocupan en ocultar sus pretensiones con eufemismos: quieren que las mujeres pasen de marginadas a marginadoras y lo quieren por la fuerza. Quieren, por lo demás, ahondar en la guerra de sexos, la más estúpida batalla que vieron los tiempos, la que se libra en Occidente ahora mismo: media humanidad contra la otra media. Mejor, las féminas están en mayoría, porque se apoyan en muchos varones feministas. Y ya sabe que todavía hay algo más tonto que un obrero de derechas: un hombre feminista.

Eulogio López

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