El arzobispo de Madrid, Rouco Varela reafirma la doctrina cristiana: acoger al emigrante y al refugiado.

No hay otra. Por eso sorprende que tantos cristianos, y los partidos de derecha, siempre deseosos del voto católico, aseguren que hay que cerrar las fronteras. Y la doctrina no se puede forzar. Ante la jornada de las migraciones, Rouco habla, también, de economía, de compartir los bienes de Cristo. Está claro: un católico, le guste o no, no puede cerrar las fronteras al que huye de la esclavitud o de la miseria.

Y, al mismo tiempo, el cardenal madrileño habla de respeto a las legítimas diferencias, porque hoy los cristianos están perseguidos en los cinco continentes, con persecución a la occidental o a la oriental. En el mundo actual, no existe persecución religiosa que la de los cristianos así que, a buen entendedor...

La única política cristiana sobre migraciones es la de la fronteras abiertas pero, al mismo tiempo, la de hacerse respetar por el que viene, obligación básica para quien es acogido en otra tierra. En definitiva, vivir la catolicidad, ser visiblemente cristianos. La clave está ahí: hoy a los católicos nos toca ser exhibicionistas de nuestra fe. Lo otro no es tolerancia, es cobardía.

Eulogio López

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