• El veterano periodista navarro ha fallecido en Madrid, a los 77 años, con el mismo espíritu joven con el que ha vivido.
  • Escribió su último artículo para Hispanidad, tras la muerte de Adolfo Suárez. No dudó un instante cuando se lo pedimos.
  • Iriarte relataba su encuentro con el ex presidente en Pamplona: "¿Qué se puede hacer, presidente; y él me dio la respuesta del arma que él utilizaba: rezar, rezar".
  • También recogía otro testimonio de Suárez: "Siempre es bueno pedir perdón y perdonar, que serían, a mi juicio, las más definitorias de una vida como la del personaje irrepetible que nos acaba de dejar".
  • Iriarte también era irrepetible: extraordinariamente humano y generoso. El ritmo vital lo marcaron su familia y el periodismo, que corría con brío por sus venas.

Ha fallecido en Madrid, este martes, lejos de su 'patria chica', Navarra, José Joaquín Iriarte. Tenía 77 años. Su último artículo lo escribió precisamente en Hispanidad, a raíz de la muerte del ex presidente Adolfo Suárez. José Joaquín ya estaba 'pachucho', pero no regateó ni un segundo cuando le pedimos que escribiera sus impresiones. En una hora teníamos su acertada semblanza, enriquecida, como en otras tantas ocasiones, con sus vivencias personales. Lo titulamos: "José Joaquín Iriarte: Adolfo Suárez fue un hombre de fe".

José Joaquín era, además de un hombre de fe, una buena persona, generoso, atento, despreocupadamente preocupado. Por sus venas corría el mejor periodismo, siempre riguroso y crítico, como no puede ser de otro modo.

Y además de todo eso, le avala una trayectoria profesional impecable. Iriarte fue un referente informativo de primer orden durante la Transición, en la Cadena SER, como director de 'Matinal Ser' y 'Hora 25'. Después, viajó por medio mundo con los Reyes y nos entregó las mejores crónicas desde Roma como corresponsal de Europa Press. También fue subdirector de Informativos de la COPE y, en su última etapa, director de la revista Mundo Cristiano, de la mano de su amigo Darío Chimeno.

Iriarte ha recogido los frutos de su trabajo con premios, como el Premio Nacional de Periodismo (1983), el Premio Ondas en dos ocasiones (1976 y 1982) -el último por su espacio Desayuno de trabajo, por el que desfilaron los políticos más relevantes de la Transición-, la Antena de Oro, de la Agrupación de Asociaciones de Radio y Televisión, y el Premio Bravo, concedido por la Conferencia Episcopal Española.

Y por si le faltara algo, en los tres últimos años ha publicado dos novelas, 'El árbol del paraíso' y 'Comando Wagner'. La literatura fue su última pasión -en su plena juventud-, junto a su familia, a la que nunca de dejó de mirar y querer con la misma pasión.

No son pocos motivos, en fin, para recordar a este veterano periodista. En su peculiar caleidoscopio personal siempre había trozos y trazos de una realidad repartida en el tiempo. Lo sabemos los que escuchamos su voz serena y amable, de radio. Y lo constatamos, de cerca, los que conocimos de primera mano su visión extraordinariamente lúcida de lo que ha pasado en este país en los últimos 50 años. Todo un privilegio, maestro.

Mariano Tomás

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