Rompí mi relación con Jorge Fernández, ministro del Interior del Gobierno Rajoy (en la imagen) el día (estábamos en el Zapaterismo) en que le reproché no haber asistido a una votación sobre embriones humanos, con la excusa de un viaje de partido a Barcelona. Era una votación correspondiente al proceso que la inefable y afortunadamente olvidada ministra desanidad (luego de Economía), Elena Salgado, había evacuado en el Parlamento con el objetivo de ampliar la utilización de embriones humanos como cobayas de laboratorio. Una aberración ética y una estafa científica, como se ha demostrado con el tiempo que, por cierto, fue iniciada en el aznarismo por la entonces ministra de Sanidad, Ana Pastor, hoy en el Ejecutivo Rajoy como titular de Fomento. La masacre de embriones humanos no ha curado ni una gripe… y Rajoy, naturalmente, no pretende cambiarlo.

Sí, no soy duro ni con Salgado ni con Fernández. Hablo del proceso de aprobación de las leyes de reforma de la FIV (ya saben: el origen de los abortos selectivos y los embriones congelados) y de Investigación Biomédica. La legislación más 'avanzada', es decir, más pútrida de toda Europa, junto a la británica. Y ojo, una de las hacedoras de esta maravilla -así como de la Ley Aído de aborto 2010- es la actual secretaria de Estado de Investigación, Carmen Vela, una zapaterista del Manifiesto de la Ceja, acogida por Rajoy como segunda de Luis de Guindos. ¡Viva el PP!

Dicho todo esto, Jorge Fernández aseguró el martes que el terrorismo se parecía al aborto. (Vea aquí el vídeo). Una frase de pocas palabras. De inmediato, en este PP cobardón se hizo un ominoso silencio mientras, desde el PSOE, Elena Valenciano se rasgaba las vestiduras (esta mujer no hace más que estropear su fondo de armario, rasgándose las vestiduras), por la obsesión del lobby feminista de Rubalcaba de mantener y aumentar el hediondo matadero de niños en el que se ha convertido España.

Pues miren por dónde, Fernández tiene razón. Aborto y terrorismo tienen un punto central en común: en ambos se trata de asesinar inocentes. Incluso el aborto es peor, porque el no nacido es siempre el más inocente y el más indefenso. Más, incluso, que las víctimas del terrorismo. Y, encima, más cobarde.

No se trata de establecer grados de barbarie, porque el terrorismo etarra es un atentado flagrante y repugnante contra el derecho a la vida pero, en esencia, aborto y terrorismo son una misma cosa y, en la práctica, el abortista es aún más cobarde que el terrorista.

Y así llegamos al cuadro general. Miren ustedes: la diferencia entre Zapaterismo y Marianismo es que ZP perseguía a la Iglesia; Rajoy sólo la desprecia y/o utiliza en tiempo electoral. La izquierda cristófoba quiere aniquilar el Cristianismo; la derecha tibia se conforma con burlarse de sus principios. Lo que no entiende esta derecha pagana es que, para un cristiano, su fe es más importante que su vida.

Eulogio López

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