Benedicto XVI no da puntada sin hilo. La ceremonia litúrgica -de eso se trataba- en Cibeles -jueves por la tarde- fue aprovechada para lanzar un alegato por la vida y contra el aborto, como sólo puede hacerlo este Pontífice, uno de las cabezas mejor amuebladas del planeta.

El discurso del Papa ante los jóvenes en la madrileña Plaza de Cibeles dio en la diana del derecho a la vida. Era una paráfrasis de las palabra de la serpiente en el génesis: "Seréis como dioses". Decía Benedicto XVI a los jóvenes que debían resistir la tentación de creerse dioses y decidir qué es verdad y mentira, qué es bueno y qué es malo y -atención, atención- quién puede vivir y quién puede ser sacrificado en aras de otros intereses.

Benedicto XVI advirtió ayer contra los que se creen dioses, contra aquellos que creen poder decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno y malo, lo justo o injusto, decidir quién es digno de vivir o quién debe ser sacrificado.

Con ello daba en la diana del aborto y la manipulación de embriones. En efecto, el abortador no es más que eso: uno, o una, que se cree Dios, lo mismo que el que piensa que puede dictaminar por sí mismo lo que es verdad y mentira, lo que es cierto o falso. A ver si va a resultar que el aborto no sólo constituye un homicidio sino también un acto de soberbia.

Y un dato más: Que los jóvenes sean testigos de alegría. Insistió mucho el Pontífice en esas palabras. Y es que no puede existir un cristiano triste. Ahí hay trampa. O lo uno o lo otro.

Eulogio López

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